jueves 12 marzo 2026

América Latina, en un mundo atravesado por tensiones, se presenta como una región con conflictos interestatales limitados, democracia mayoritaria y abundantes recursos naturales estratégicos para la transición energética y la seguridad alimentaria global.

El nuevo mapa del comercio global
Posiciones

Por Ana Basco (*) y Esteban Actis (**)

La estructura del comercio internacional está experimentando un cambio significativo. La creciente politización del intercambio, la redefinición de las cadenas de valor y el aumento de las medidas proteccionistas marcan una nueva fase en el sistema económico global. A diferencia de la etapa anterior, que se basaba en la eficiencia y la apertura, las decisiones comerciales actuales están cada vez más influenciadas por la seguridad nacional y el cálculo geopolítico.

Esta transformación presenta nuevos desafíos para América Latina, pero también abre oportunidades para reposicionarse estratégicamente en sectores y cadenas clave.

Una tendencia notable es el incremento del comercio condicionado por decisiones unilaterales: aranceles, prohibiciones de exportación y subsidios discriminatorios. Hace diez años, estas medidas representaban solo el 5% del comercio global; hoy, alcanzan el 25% y continúan en aumento. La globalización no ha desaparecido, pero se ha fragmentado. Las cadenas globales de valor se están reorganizando bajo criterios de resiliencia y alineamiento político.

Esto no implica una desglobalización total, sino un cambio en sus fundamentos: ya no se prioriza la eficiencia a cualquier costo, sino la robustez frente a disrupciones y tensiones geopolíticas. Estados Unidos y Europa están promoviendo el desacople de sectores estratégicos de China, mientras que este último responde con restricciones a exportaciones clave.

En este contexto, las empresas están adoptando nuevas estrategias para rediseñar sus cadenas de suministro. El reshoring (relocalización de producción en el país de origen) se ha convertido en una prioridad en EE.UU., acompañado de incentivos estatales. Al mismo tiempo, el nearshoring y el friendshoring (trasladar operaciones a países cercanos o aliados) están ganando popularidad.

Sin embargo, la tendencia más prominente parece ser el omnishoring: la diversificación simultánea de proveedores en distintas regiones para reducir la dependencia de un solo país. Esta estrategia busca aumentar la resiliencia y adaptarse a la volatilidad regulatoria y política global.

Países como México, India y Vietnam ya se están beneficiando de este rediseño global, captando inversiones industriales y tecnológicas. América Latina, en este contexto, se presenta como una región con conflictos limitados, democracia estable y recursos naturales estratégicos para la transición energética y la seguridad alimentaria.

La nueva geoeconomía impone exigencias adicionales a las empresas de la región. No basta con competir en precios o eficiencia; es esencial incorporar la política internacional y la gestión del riesgo geopolítico en la estrategia empresarial.

Algunas recomendaciones clave para el sector privado latinoamericano en este nuevo entorno geoeconómico incluyen diversificar tanto los mercados de exportación como de importación, fortaleciendo la trazabilidad de los productos y cumpliendo con las regulaciones internacionales. Además, es crucial invertir en inteligencia geoeconómica, monitoreando activamente las políticas comerciales y escenarios políticos globales.

Finalmente, se aconseja explorar y profundizar alianzas productivas dentro de América Latina, integrando cadenas de valor regionales que permitan ganar escala y negociar con mayor fuerza en mercados internacionales. Ante los frecuentes shocks globales, la región puede ser un proveedor confiable en las cadenas de suministro.

En este nuevo contexto, América Latina tiene dos caminos posibles. Uno es aprovechar su estabilidad y recursos estratégicos para atraer inversiones y ganar espacio en las cadenas de valor emergentes. El otro es quedar al margen de la reorganización global, atrapada en la mera exportación de commodities.

La oportunidad está presente, pero no es automática. Requiere decisiones políticas claras y estrategias empresariales adaptativas. Lo que está en juego no es solo la competitividad externa, sino la capacidad de la región para insertarse con autonomía en un mundo cada vez más competitivo y fragmentado.

(*) Directora de Insight LAC
(**) Director Asociado

Enlace a la noticia 👉 El nuevo mapa del comercio global: fragmentación, riesgos y oportunidades para América Latina

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