jueves 26 febrero 2026

Tres cultivares desarrollados en San Pedro combinan adaptación productiva, calidad visual y demanda comercial tras más de una década de investigación

Nuevas variedades de durazno

Tres nuevas variedades de durazno desarrolladas por el INTA San Pedro han comenzado a llegar al mercado tras un largo proceso de investigación, evaluación y colaboración con productores. Estas variedades son Tehuelche INTA, Chamamé INTA y Rosalinda INTA, destacándose por su color, tamaño y adaptación a las condiciones del noreste bonaerense, una de las regiones frutícolas más importantes del país.

La llegada comercial de estas variedades, que se concretó en noviembre de 2025 gracias a un productor local, representa un hito en un programa de mejoramiento que se inició hace más de 15 años. Estas tres variedades son parte de un registro de 30 cultivares de duraznero desarrollados por el INTA San Pedro, cuyos nombres evocan identidades culturales argentinas, reforzando así el perfil local de estos materiales genéticos.

Desde el INTA explican que el desarrollo de una nueva variedad de fruta es un proceso extenso y complejo. Según el investigador Gerardo Sánchez, la obtención de un nuevo cultivar puede tardar al menos 15 años hasta su registro. Aunque las herramientas biotecnológicas actuales permiten anticipar ciertas características de la fruta, el camino desde el laboratorio hasta la góndola requiere validaciones agronómicas, multiplicación de plantas y pruebas comerciales.

Variedades de durazno en el mercado

El proceso de adopción de estas variedades se fortaleció a partir de 2021, cuando el INTA firmó acuerdos de cooperación con cámaras de productores del norte bonaerense. Gracias a esta colaboración, varias empresas comenzaron a evaluar los nuevos materiales en sus establecimientos, ya sea mediante ensayos a pequeña escala o implantaciones comerciales. Esta articulación fue fundamental para que algunos cultivares finalmente dieran el salto al mercado.

La decisión de incorporar estas variedades estuvo ligada a atributos valorados tanto por productores como por consumidores. Un productor de la región, que necesitaba renovar su monte frutal, apostó por estos materiales priorizando la fecha de cosecha, la sanidad de planta y, sobre todo, el color y tamaño de la fruta, factores determinantes para su aceptación en la venta minorista.

La presencia de Tehuelche, Chamamé y Rosalinda en las góndolas no solo amplía la oferta para el consumidor, sino que también refleja el impacto de la investigación pública aplicada al desarrollo productivo. Estas variedades sintetizan años de conocimiento acumulado, innovación tecnológica y trabajo conjunto con el sector privado, pilares fundamentales para fortalecer la fruticultura regional con identidad y adaptación local.

Fuente: INTA

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