El Banco Central todavía necesita USD 1.600 millones para cumplir el umbral de reservas, pero el Gobierno quedó muy holgado en el superávit fiscal. También hay objetivos estructurales todavía en suspenso como la reforma tributaria y el Presupuesto 2025
En pocos días, el Fondo Monetario Internacional (FMI), junto a otros organismos internacionales, entrará en su receso de invierno del hemisferio norte. Sin embargo, la interacción con el Gobierno argentino continuará siendo un tema relevante en su agenda. Esto se da en el contexto de un programa financiero que está por concluir, donde se han cumplido algunas metas, pero también hay otros objetivos que no se han alcanzado. Además, se están llevando a cabo negociaciones para un nuevo acuerdo que se espera se discuta en las primeras semanas de 2025.
Este año marca el séptimo desde que Argentina volvió a ser deudora del FMI, comenzando con un primer préstamo en 2018 y un segundo programa en 2022 para refinanciar el anterior. Desde su inicio, este último programa ha enfrentado dificultades, con incumplimientos en las metas de acumulación de reservas y déficit fiscal, a medida que los indicadores económicos han ido en deterioro. El 2023 concluyó bajo la administración de Alberto Fernández, con los fundamentos del programa Extended Fund Facility (EFF) alejados de los objetivos inicialmente previstos.
El equipo económico actual, en colaboración con el FMI, ha rediseñado el esquema de metas, haciéndolo más riguroso, especialmente en el ámbito fiscal. Las metas de reducción del déficit fiscal primario se han transformado en un objetivo de superávit fiscal mínimo antes del pago de intereses de la deuda, junto con un ambicioso objetivo de acumulación de reservas. Desde el inicio del mandato de Javier Milei, se ha eliminado la opción de emisión monetaria para financiar al Tesoro, lo que ha sacado este tema de la mesa de discusión.
El próximo paso implica la devolución de los USD 45.000 millones que el Estado aún adeuda, entre 2026 y 2032. Desde el Palacio de Hacienda, se asegura que la relación con el FMI se mantiene mediante un contacto constante y se destaca como prioridad que el organismo comprenda los próximos pasos de la política económica, con especial atención en el régimen cambiario.
Desafíos en las metas con el FMI 2024
El esquema de metas establecido es trimestral, y en diciembre, la más relevante es la de acumulación de reservas. El Banco Central ha reconocido en un documento reciente que, a menos que se produzca una aceleración significativa de compras en el MULC en los últimos días hábiles del mes, no podrá cumplir con esta meta. Las metas del primer y segundo trimestre fueron superadas, pero la del tercer trimestre, que se cerró a finales de septiembre, fue incumplida por un margen considerable.
Para el último trimestre, el acuerdo vigente con el FMI estipulaba que el BCRA debería mostrar un acopio de divisas que dejara a la entidad central con USD 9.700 millones por encima del nivel de reservas netas que tenía tras el cambio de gobierno en diciembre de 2023. Hasta esta semana, la diferencia con ese umbral es de aproximadamente USD 1.600 millones. Cumplir con esta meta parece poco probable, a menos que se realicen compras extraordinarias en los últimos días del año.
Un punto que el BCRA intentó destacar para matizar este incumplimiento es que, de no haber realizado el Tesoro compras anticipadas de dólares a la autoridad monetaria para pagar bonos en los primeros días de enero, el Central habría tenido reservas suficientes para cumplir con la meta.
En el ámbito fiscal, el Gobierno ha terminado el año en una posición mucho más holgada. Las metas estipuladas hasta la octava revisión, que tuvo lugar a mediados de año, solo contenían objetivos de superávit fiscal hasta fines de septiembre y no se extendieron a un número esperado para el cierre del 2024. Para el último día de septiembre, el excedente fiscal primario esperado era de 7,6 billones de pesos, y terminó siendo de 9,5 billones de pesos.
En otras metas también se ha cumplido: la de emisión monetaria para financiar al Tesoro, que debía ser nula durante todo el año, y la de deuda flotante, que a fines de septiembre debía ser como máximo de 4,9 billones de pesos y terminó en torno a 2,3 billones de pesos. Además, no se han acumulado atrasos en el pago de la deuda externa, una meta que no incumplieron ni el Gobierno anterior ni el actual.
El programa con el FMI también incluye una hoja de ruta de reformas y medidas económicas que el Poder Ejecutivo no está obligado a cumplir, como las metas de reservas o superávit, aunque sí marcan la dirección que el organismo y la Casa Rosada acuerdan avanzar.
Uno de esos objetivos es la elaboración de una propuesta de reforma impositiva. El FMI solicitó la creación y publicación de un proyecto que mejore la eficiencia, equidad y simplicidad del sistema tributario, reorientándolo hacia impuestos que distorsionen el comercio y las transacciones financieras. El Gobierno ha oficializado que está trabajando en este proyecto, pero su discusión en el parlamento se espera para 2025.
Otro aspecto de alta consideración para el FMI es el diseño y aprobación de un presupuesto anual. El Gobierno cumplió con el compromiso de enviarlo al Congreso, pero su discusión no parece ser una prioridad en las sesiones extraordinarias. Un presupuesto sancionado es visto como una señal positiva de gobernanza para cualquier gobierno, especialmente en el contexto de la discusión que ya se ha iniciado hacia un nuevo programa financiero.
Las próximas reuniones con el FMI podrían tener lugar a comienzos de 2025. Se prevé que el presidente Javier Milei asista al Foro de Davos, en Suiza, a mediados de enero, donde se espera un nuevo encuentro cara a cara con los líderes del organismo, poco después de que se anunciara en Buenos Aires el cierre de la séptima revisión trimestral.
Enlace a la noticia 👉 Reservas, superávit y reformas: cómo terminan las metas con el FMI antes de la negociación para un programa nuevo