jueves 27 agosto 2026

 

logística verde

El comercio electrónico en América Latina crece a un ritmo que pocos procesos internos de las empresas logran acompañar. Uno de los que más acusa ese desfasaje es la gestión de devoluciones. Con tasas que en algunos países duplican o triplican las del canal físico tradicional, y con una regulación ambiental que ya no invita sino que exige, la forma en que una empresa maneja lo que vuelve dejó de ser un detalle operativo para transformarse en una variable central de competitividad. En ese cruce entre eficiencia, sostenibilidad y normativa se inscribe el debate actual sobre logística verde y logística inversa.

Un fenómeno regional con comportamientos distintos

Las cifras que describen el escenario latinoamericano son elocuentes. En México, aproximadamente uno de cada cinco compradores digitales devolvió al menos un producto durante 2025, y en fechas de alta demanda como el Hot Sale esa proporción superó el 50% en ciertas categorías. En Colombia, entre el 20% y el 25% de las compras realizadas por internet terminaron regresando al vendedor, dos o tres veces más que en el comercio presencial. Argentina, en cambio, representa una anomalía a escala global: según el Reporte de Tendencias del e-Commerce 2026 de DHL, es el país con la tasa de devoluciones más baja del mundo, pese a que su facturación online creció un 55% en el último año, de acuerdo con la Cámara Argentina de Comercio Electrónico.

La situación varía de un mercado a otro, pero la tendencia estructural se replica en toda la región: el comercio electrónico avanza más rápido que la capacidad de las empresas para gestionar lo que regresa. A nivel global, el volumen de devoluciones del e-commerce creció un 18% durante 2025, según ACI Worldwide. Detrás de ese número hay rutas que se recorren a medio cargar, almacenes que no fueron pensados para recibir mercadería devuelta, y equipos de gerencia que todavía conciben la logística inversa como un generador de costos sin retorno.

Dos conceptos que conviene distinguir con precisión

Qué es la logística inversa

La logística inversa comprende el conjunto de procesos que mueven un producto, un envase o un material desde el punto de consumo hacia algún eslabón de la cadena de suministro: un centro de distribución, un proveedor, una empresa de gestión de residuos o el propio fabricante. Su activación suele ser reactiva: una devolución, una garantía, el fin de la vida útil de un activo. El punto de partida es siempre algo que ya ocurrió.

Qué es la logística verde

La logística verde, en cambio, opera desde una lógica de diseño y anticipación. Abarca las decisiones que se toman sobre transporte, almacenamiento y embalaje con el objetivo de minimizar el impacto ambiental desde el primer movimiento en la red. Rutas más eficientes, centros de distribución con consumo energético optimizado, flotas con menor huella de carbono, empaques retornables: todas son expresiones concretas de este enfoque aplicado a la operación cotidiana.

Cuando ambos conceptos se articulan, emerge lo que la literatura académica denomina cadena de suministro circular. Este modelo contribuye simultáneamente a la efectividad operacional, a la reducción de emisiones de CO2 y a la mejora de la rentabilidad. En un contexto donde las políticas de devolución flexibles y las garantías amplias forman parte del estándar de servicio al cliente, integrar logística verde con logística inversa deja de ser una opción filosófica para convertirse en una ventaja competitiva tangible.

La regulación ambiental ya no es opcional

A comienzos del siglo XXI, gestionar adecuadamente el destino final de envases y empaques era una decisión voluntaria que ciertas empresas adoptaban como parte de su posicionamiento de marca. Ese escenario cambió de manera irreversible, aunque a velocidades distintas según el país.

Chile lidera la transición con su Ley REP, que establece metas obligatorias de recuperación y reciclaje de envases por sector. Colombia avanzó con la Resolución 1407 de 2018, que obliga a los productores a formular un Plan de Gestión Ambiental de Residuos de Envases y Empaques con una meta mínima de reincorporación del 30% del material puesto en el mercado. Uruguay cuenta con una ley de responsabilidad extendida del productor. México, impulsado por el T-MEC, el nearshoring y las exigencias de las cadenas globales de suministro, acelera sus propios estándares para no perder competitividad exportadora. Brasil y Ecuador debaten, cada uno a su ritmo, marcos de reciclaje, trazabilidad y contenido reciclado.

Argentina es el caso que más tardó en moverse: la discusión sobre una ley nacional de envases acumula más de veinte años sin alcanzar consenso legislativo. Sin embargo, en mayo de 2026 la Unión Industrial Argentina y trece cámaras empresarias firmaron un compromiso conjunto para impulsar una normativa de responsabilidad extendida del productor que articule objetivos ambientales con competitividad industrial. La ley aún no fue sancionada, pero el consenso que faltó durante dos décadas comenzó a construirse.

Para las compañías exportadoras, la cuestión no se agota en la normativa local. Los mercados de destino, particularmente en Europa, exigen evidencia verificable de las prácticas ambientales a lo largo de toda la cadena, no declaraciones de intención. Quien no cuente hoy con trazabilidad de sus flujos inversos muy probablemente la necesite mañana para seguir operando con determinados clientes, ya sea desde Buenos Aires, Ciudad de México o Bogotá.

El argumento económico detrás de la sostenibilidad

De sobrecosto a fuente de valor

Cumplir la normativa es el piso, no el techo. Una encuesta realizada en 2025 a 491 directivos reveló que el 95% considera que la circularidad será relevante para su negocio dentro de tres años, y siete de cada diez la calificaron como “muy importante”. La razón de fondo es concreta: bien gestionada, la logística inversa puede transformarse en una fuente de ingresos y en un factor de diferenciación de marca.

Los productos que retornan en buen estado pueden reingresar al inventario o canalizarse hacia un circuito de ventas de segunda selección. Los que no superan ese filtro aportan materiales o componentes reutilizables que reducen la compra de insumos nuevos. Los empaques retornables, cuando el volumen lo justifica, recortan el gasto recurrente en cartón, plástico o pallets. Cada devolución, además, genera información valiosa sobre por qué falló la venta: un dato que, bien aprovechado por compras, operaciones, calidad y marketing, alimenta decisiones más inteligentes en toda la organización.

El rol del almacén en la eficiencia inversa

Gran parte de la ineficiencia en la gestión de devoluciones no se origina en la calle sino dentro del propio almacén. Los centros de distribución diseñados para la logística de salida rara vez cuentan con áreas específicas para recibir y procesar mercadería devuelta sin interrumpir las operaciones de picking o la atención de pedidos activos. Adaptar esa infraestructura, definir flujos claros para la mercadería que regresa y asignar responsabilidades precisas dentro del depósito son pasos previos e indispensables para que cualquier estrategia de logística verde o inversa funcione en la práctica y no solo en el papel.

Una convicción que se construye con decisiones concretas

La sostenibilidad en la cadena de suministro dejó de ser un enunciado de presentación corporativa para convertirse en un requisito operativo, regulatorio y comercial. Integrar la logística verde desde el diseño de la operación, y no como corrección posterior, es lo que distingue a las organizaciones que entienden este cambio como una oportunidad de aquellas que lo gestionan como una obligación. En un mercado donde las tasas de devolución seguirán creciendo junto con el comercio digital, y donde la presión regulatoria y la exigencia de los clientes globales no harán más que intensificarse, quienes desarrollen hoy las capacidades para circular sus flujos inversos de manera eficiente y ambientalmente responsable estarán mejor posicionados para competir en el mediano plazo.

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