El saldo del mes de abril fue de apenas U$S 204 millones cuando un año atrás alcanzó a U$S 1807 millones. Las importaciones crecieron al 37% anual mientras que las exportaciones lo hicieron a solo el 2%.
Este desempeño no es un hecho aislado, sino que forma parte de una tendencia preocupante. Entre enero y abril de 2025, el comercio exterior acumuló un saldo de US$ 1265 millones, mientras que en el mismo período del año anterior ese resultado fue de U$S 6208 millones.
La causa de este desbarranque es el aumento significativo de las importaciones, que en los primeros cuatro meses de este año se incrementaron en un 35,7%, mientras que las exportaciones solo lo hicieron en un 5,8%.
Si no hay un cambio de tendencia, en pocos meses más el saldo comercial será negativo. Esto significa que el intercambio de bienes con el resto del mundo será deficitario, lo que resultará en una salida de dólares superior a la entrada.
Esto representa un grave problema para el esquema de política económica del gobierno, que se basa en múltiples anclas para evitar que la inflación se dispare. Una de ellas es el dólar barato.
Como en toda economía, cada acción tiene su reacción. En este caso, el dólar bajo impulsa las importaciones y desestimula las exportaciones, lo que reduce el superávit comercial o lo convierte en déficit.
Los dólares provenientes del comercio exterior son fundamentales para el esquema económico. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional de abril pasado prevé un resultado positivo en 2025 equivalente a 1,3 puntos del Producto Interno Bruto, lo que equivale a unos U$S 9000 millones. Según los términos de ese acuerdo, se esperaba que las exportaciones crecieran un 8,1% mientras que las importaciones lo hicieran un 14,6%.
Las diferencias con la realidad son evidentes, especialmente en el lado de las importaciones. Según el FMI, el aumento de las compras externas debería ser impulsado por el crecimiento de la economía, que demandaría más piezas, repuestos y nueva maquinaria.
Sin embargo, los datos del Indec muestran que las importaciones que más crecieron fueron las de automóviles, con un 101,6% más en el primer cuatrimestre de 2025 respecto al mismo período de 2024. A esto se suma que las de bienes de consumo crecieron un 69,1% en ese lapso, apenas por debajo de las de bienes de capital. De hecho, las importaciones destinadas a la producción (bienes de capital, bienes intermedios y piezas y repuestos) apenas sumaron el 73% del total en abril, mientras que normalmente representan el 80%.
Por otro lado, las exportaciones también han sido impactadas, además del efecto del dólar bajo, por la crisis comercial generada por la guerra tarifaria del presidente de EE. UU., Donald Trump.
El mejor desempeño en las ventas externas lo tuvo el sector primario, con un aumento del 9,4% en las cantidades de cereales y pescados y mariscos. Es importante considerar que las ventas externas de abril ya deberían incluir las exportaciones masivas de soja (granos y derivados). En el caso de las manufacturas de origen industrial, se benefició el incremento de los precios internacionales.
En el sector de combustibles y energía, el impacto negativo se debió a la caída de los precios globales, que disminuyeron un 10% respecto a abril de 2024. Este factor de precios también fue el desencadenante de un retroceso en las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario.
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