
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el INDEC confirmó que la economía argentina registró un rebote del 0,8% en junio respecto de mayo, cortando así una racha de dos caídas mensuales consecutivas. Sin embargo, ese dato positivo no alcanzó para revertir el panorama más amplio: en el segundo trimestre del año, la actividad económica acumuló un retroceso del 0,9% en relación al trimestre anterior, y el promedio del primer semestre quedó apenas 1,9% por encima del mismo período de 2025, muy lejos del 4,5% de crecimiento con que había cerrado el año pasado.
La mejora interanual fue del 2,7% respecto de junio de 2025, pero la serie desestacionalizada dejó en evidencia que el nivel de junio todavía se ubica por debajo del registrado en marzo, enero y diciembre del año anterior. El dato, en definitiva, confirma que la economía transita desde hace meses una fase de zigzag, con subas y bajas que se alternan sin consolidar una tendencia de recuperación sostenida.
Una recuperación con marcada disparidad sectorial
Uno de los rasgos más salientes del informe es la profunda brecha entre sectores. Desde la consultora LCG señalaron que “la disparidad sectorial se mantuvo” y que “el crecimiento sigue mostrando la dinámica serrucho observada desde comienzos de año”. En la misma línea, el economista Gonzalo Carrera, de Equilibra, destacó que el crecimiento de minería y energía, junto con el fuerte desempeño de la pesca, fueron los principales motores del avance mensual.
Por el contrario, los sectores no primarios continuaron sin recuperarse. Si bien la industria manufacturera logró un repunte del 1%, la construcción y el comercio volvieron a caer un 1% cada uno. Estos rubros se encuentran prácticamente estancados desde febrero de 2025, lo que genera una preocupación particular entre los analistas.
El problema del empleo en un crecimiento concentrado
Sergio González, head de asset management en Cohen Aliados Financieros, advirtió que la brecha entre sectores ganadores y perdedores “importa porque los rezagados son justamente los sectores intensivos en mano de obra”. La industria, la construcción y el comercio concentran el grueso del empleo privado registrado, mientras que la minería es intensiva en capital y genera relativamente pocos puestos de trabajo por unidad de producto.
Según González, “un crecimiento traccionado por recursos naturales puede sostener el nivel de actividad agregada sin traducirse en creación de empleo ni en recuperación del salario”, lo que explica por qué la mejora del EMAE todavía no se percibe en la demanda interna ni en el bolsillo de los trabajadores.
Las perspectivas para el resto de 2026 no son alentadoras
Los analistas consultados coinciden en que no se vislumbran catalizadores claros que puedan impulsar una aceleración del crecimiento en el corto plazo. Carrera fue contundente: “Uno no ve factores para que los sectores no primarios se recuperen. La apuesta del Gobierno era que los salarios reales se recuperen un poco a partir de la desaceleración de la inflación y que la baja de tasas haga reactivar el crédito. Eso viene más lento de lo que se pensaba”.
En un escenario optimista, en el que los ingresos logren ganarle a la inflación, el consumo mejoraría apenas “en el margen”, mientras que la elevada morosidad continúa frenando el financiamiento del sector privado. Por su parte, LCG no advierte “un motor claro que empuje la actividad económica en el corto plazo”, dado que la inversión acumula cuatro trimestres de caída, el consumo sigue afectado por salarios que en el mejor de los casos empatan a la inflación, y el gasto público permanece contenido.
Las exportaciones, principal esperanza de crecimiento
Frente a este panorama, tanto LCG como otros especialistas coinciden en que la principal esperanza de impulso proviene del sector exportador, en particular del agro, la minería y la energía. Sin embargo, para el sector agropecuario las perspectivas son algo más moderadas para los próximos meses.
Federico Filippini, Head of Research y Strategy de Adcap, alertó que si el nivel de actividad económica de junio se mantuviera constante durante el resto del año, el PBI cerraría 2026 con un crecimiento de apenas 1,2% respecto de 2025, muy por debajo del 2,7% que estima el consenso privado relevado en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM). Para alcanzar ese objetivo, la economía debería crecer cerca de 1% tanto en el tercer como en el cuarto trimestre, un escenario que Filippini calificó como posible pero que “los datos de alta frecuencia no están convalidando en el cortísimo plazo”.
Un crecimiento que todavía no llega a todos
El balance del primer semestre deja un cuadro de situación complejo. La actividad económica ya dejó atrás el piso de los años más difíciles, pero ingresó en una fase de estancamiento que combina avances parciales en sectores primarios con un deterioro persistente en los rubros vinculados al mercado interno y al empleo. La recuperación de los salarios reales y la reactivación del crédito son las dos variables clave que podrían cambiar la ecuación, pero ambas se encuentran bajo presión y su mejora, de producirse, sería gradual y acotada.
En definitiva, el dato de junio es una buena noticia en el corto plazo, pero insuficiente para hablar de un cambio de tendencia. El desafío pendiente es trasladar el crecimiento de los sectores exportadores hacia el resto de la economía y hacia los trabajadores, algo que, según los especialistas, todavía no está ocurriendo.
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