lunes 20 julio 2026

Un informe revela cifras alarmantes sobre la extracción de especies en el Atlántico Sur

En el contexto del Día Internacional de la Lucha contra la Pesca Ilegal, la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) ha emitido una advertencia sobre la crítica situación en el Atlántico Sudoccidental. Un reciente informe indica que la actividad de las flotas extranjeras que operan cerca de la milla 201 ha alcanzado niveles sin precedentes, convirtiéndose en una de las principales amenazas para los recursos pesqueros argentinos.

Incremento alarmante en la actividad pesquera

El estudio revela que entre 400 y 600 embarcaciones, principalmente de China, Corea del Sur y Taiwán, se concentran en las cercanías de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina para capturar especies migratorias que forman parte del ecosistema local. Este fenómeno no solo ha crecido en número, sino también en intensidad: entre 2019 y 2024, el nivel de extracción aumentó un 65%, mientras que el esfuerzo pesquero de la flota china se incrementó un 85%.

La pesca extranjera multiplica las capturas argentinas

Los datos recopilados por FULASP evidencian una creciente disparidad entre las capturas nacionales y las de las embarcaciones extranjeras. Mientras que la pesca argentina desembarca entre 750.000 y 900.000 toneladas anuales, las estadísticas internacionales estiman que las capturas en el Atlántico Sudoccidental oscilan entre 1,5 y 3 millones de toneladas por año.

Calamar, el recurso más demandado

Entre las especies más afectadas se encuentra el calamar Illex argentinus, un recurso clave en la cadena alimentaria marina. Este cefalópodo es esencial para diversas especies, incluyendo merluzas y mamíferos marinos. “El verdadero problema no es solo que se lleven más volumen que la pesca argentina. El daño más grave es biológico: muchas especies están siendo capturadas antes de completar su ciclo natural”, explicó Raúl Cereseto, presidente de FULASP.

El impacto de la pesca en el ecosistema

Los especialistas advierten que la combinación de sobrepesca y cambios ambientales podría llevar al agotamiento de recursos fundamentales para la pesca argentina y el ecosistema del Atlántico Sur. En 2024, las autoridades pesqueras de Malvinas suspendieron la segunda temporada de captura del calamar Loligo, tras detectar que la biomasa había descendido por debajo del umbral de conservación fijado en 10.000 toneladas.

Biodiversidad en riesgo

La FULASP ha alertado que, si se mantiene el actual nivel de explotación, se comprometerán recursos estratégicos para la economía nacional, afectando exportaciones, empleo y la producción de alimentos. Cereseto resumió la situación con una analogía del sector agropecuario: “Si en un campo con mil vacas, nacen trescientos terneros por año y se faenan doscientos cincuenta animales adultos, el rodeo se mantiene. Pero si se comienza a matar terneros y hembras jóvenes antes de que puedan reproducirse, tarde o temprano ese rodeo desaparece”. En el mar, el escenario es similar: cuando cientos de embarcaciones capturan especies antes de completar su ciclo biológico, el problema se torna ecológico, comprometiendo la capacidad de recuperación de recursos que tardaron miles de años en consolidarse.

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