La reconfiguración de la economía mundial y el papel de Argentina
En Washington, se lleva a cabo un intenso debate sobre la «amenaza china», donde ex funcionarios y académicos discuten la necesidad de una nueva estrategia en la política exterior de Estados Unidos. Este contexto de incertidumbre global plantea desafíos significativos para Argentina, que debe adaptarse a las transformaciones que están redefiniendo el orden internacional.
Los expertos advierten que un repliegue hacia el hemisferio occidental no es la solución. Tal acción podría resultar en una pérdida de influencia, dejando a otros países, especialmente a China, en una posición dominante. La reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, donde líderes de India y Rusia se reunieron con Xi Jinping, subraya que las potencias emergentes no se quedarán de brazos cruzados mientras Estados Unidos reconsidera su estrategia.
En lugar de retroceder, se sugiere que Estados Unidos debe concluir la era de «protección por apoyo político» y construir una plataforma conjunta con sus aliados para desarrollar capacidades en los ámbitos militar, económico y tecnológico. Este enfoque no solo busca fortalecer la posición de Estados Unidos, sino también crear una base industrial común para enfrentar a China.
El papel de EE.UU.
La clave para unir a los aliados en esta nueva empresa radica en compartir los beneficios del ecosistema de innovación estadounidense. Esto implica reorientar el liderazgo científico y tecnológico hacia la producción conjunta y la creación de cadenas de suministro integradas. Sin embargo, el actual sistema multilateral de comercio enfrenta una crisis, exacerbada por las decisiones unilaterales de la administración Trump, que han generado propuestas para evitar una desaceleración del crecimiento y un aumento de la conflictividad global.
La idea de regresar al «viejo orden neoliberal» ya no es viable. Las reglas existentes no han logrado frenar el avance de China, y la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha demostrado ser ineficaz en sus funciones principales. Por lo tanto, se propone un sistema plurilateral abierto y flexible entre países afines, abandonando el enfoque basado en normas que actualmente rige el comercio mundial.
Este nuevo enfoque debe abordar temas como la seguridad de las cadenas de suministro y la coordinación de barreras de acceso a mercados, priorizando grupos de interés que compartan agendas comunes. En resumen, la reconfiguración de la política exterior estadounidense y la revisión de las reglas del comercio internacional requieren un cambio profundo y exhaustivo para adaptarse a un mundo en constante transformación.
Argentina en el vendaval
En el contexto actual, las autoridades argentinas parecen ignorar las implicaciones de estos cambios globales. En lugar de diversificar sus alianzas y fortalecer su posición, el gobierno de Javier Milei ha optado por un enfoque que podría perjudicar aún más al país. Mientras el mundo se dirige hacia una mayor protección comercial, Argentina liberaliza su comercio exterior y desindustrializa su economía.
Además, en lugar de buscar alianzas estratégicas, el gobierno se ha alineado con líderes extranjeros como Trump y Netanyahu, aplicando políticas que limitan su influencia en el escenario internacional. En un momento en que las potencias emergentes están invirtiendo en infraestructura y desarrollo tecnológico, Argentina se enorgullece de desmantelar sus instituciones científicas y paralizar proyectos de infraestructura.
Los resultados de estas decisiones son alarmantes: la inversión extranjera ha caído, varias multinacionales han abandonado el país, y el saldo comercial se ha comprimido debido al aumento de las importaciones. En este contexto, la falta de un plan claro para el futuro es preocupante.
El día después
Frente a este sombrío panorama, es crucial que Argentina comience a planificar «el día después». No hay espacio para otro fracaso gubernamental. Un futuro próspero requerirá un programa que considere las transformaciones globales y ajuste las alianzas internacionales, así como las políticas industriales y comerciales.
Es esencial elaborar un plan federal de reindustrialización y fortalecer la soberanía en todas sus dimensiones. Esto incluye priorizar vínculos con la región, comenzando por el MERCOSUR, y relanzar la relación estratégica con Brasil en áreas clave como la cooperación energética y el desarrollo de cadenas de valor.
La nueva estrategia internacional debe también incluir la búsqueda de nuevas pertenencias institucionales, como el ingreso a los BRICS, y el compromiso con temas relevantes en la agenda global. En definitiva, ante el fracaso del modelo actual, es vital planificar una renovada agenda internacional que considere el nuevo contexto mundial y promueva un plan nacional de soberanía y desarrollo.
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