El boom importador sigue en aumento, a pesar del encarecimiento del dólar. En el tercer trimestre del año, las importaciones crecieron un 28% interanual, según el informe del Indec. Si se compara el acumulado de enero a septiembre con el mismo período de 2024, el incremento es del 38,6%.

Las importaciones más significativas fueron las de vehículos automotores de pasajeros, que aumentaron un 117,9% interanual, seguidas por los bienes de consumo, que crecieron un 54%. Estos datos indican una tendencia preocupante hacia la sustitución de productos nacionales por importaciones.

En menor medida, también se registró un aumento en la importación de bienes de capital (47,1%) y piezas y accesorios para bienes de capital (10,2%). Sin embargo, el rubro de combustibles y lubricantes se mantuvo casi estable, gracias a la mayor producción energética local proveniente de Vaca Muerta.

La disparidad en las variaciones de estos ítems sugiere que el auge exportador está afectando principalmente a los bienes finales, lo que implica un menor aprovechamiento de la capacidad industrial local. Esto se refleja en otro indicador del Indec, que muestra que la utilización de la capacidad instalada en la industria alcanzó apenas el 59,4% en agosto, por debajo del 61,2% del año anterior.

El notable crecimiento de las importaciones, que no fue compensado por un aumento equivalente en las exportaciones (que subieron solo un 12,9% en volumen), ha llevado a una fuerte caída en el superávit comercial, que se situó en U$S 6.030 millones entre enero y septiembre. En el mismo período de 2024, el saldo del comercio exterior había sido favorable en U$S 15.057 millones, es decir, más del doble del actual.

Estos números son indicativos de una discusión recurrente sobre el tipo de cambio de equilibrio. A pesar de la corrección de aproximadamente un 25% en los últimos cuatro meses, el tipo de cambio sigue favoreciendo las importaciones sobre las exportaciones locales.

Además, esto impacta en la generación de divisas. El superávit comercial había estado en un rango de entre 12 y 14 mil millones de dólares tras la pandemia, interrumpido solo por la sequía de 2023. El año pasado alcanzó un récord histórico de U$S 18.928 millones, pero para 2025 se proyecta que se desinflará a entre 7.500 y 8.000 millones de dólares.

La relevancia de estos datos para el contexto local es considerable. Un análisis del Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA) señala que, a diferencia de economías más diversificadas o con mejor acceso a crédito internacional, en Argentina la acumulación de reservas depende en gran medida del saldo entre exportaciones e importaciones, lo que convierte al comercio exterior en una variable macroeconómica crucial. En un escenario de compromisos financieros con organismos internacionales y la necesidad de estabilizar el tipo de cambio, lograr superávits comerciales se vuelve fundamental.