Recientemente, la Fundación Pro Tejer dio a conocer un informe que muestra el crecimiento de indumentaria traída desde China en Argentina. Según datos, 7 de cada 10 prendas importadas provienen del país asiático.
Además de los escasos controles a esos productos importados, esta situación de apertura afecta y preocupa a los textiles nacionales. Se especula con que 500 mil puestos de trabajo se verían en peligro, entre todos los componentes de la cadena que intevienen.
“La desregulación del régimen courier, la flexibilización aduanera y la falta de controles sobre plataformas digitales, abrieron una puerta que China aprovechó como ningún otro país. Hoy, el gigante asiático no solo domina más del 70% del mercado textil importado, sino que también está desplazando la producción nacional y el trabajo argentino”, aseguró la Fundación Pro Tejer.
Para saber cómo impacta esto en Junín, Grupo La Verdad se comunicó con María José, una comerciante de la ciudad del rubro indumentaria para niños. “Nos dedicamos a fabricar ropa para niños, aproximadamente hasta 10 o 12 años, talles 12-14. Somos una segunda marca muy económica y siempre tenemos promociones para el cliente”, indicó.
Respecto al incremento de las prendas importadas desde el país asiático, dijo que “por ahora no estamos viendo un impacto de la ropa importada de China. En nuestro rubro, como hay mucho algodón, no lo veo tan afectado. Hoy por hoy, todavía no está entrando algodón y friza; sí tela de plano y de mujer. Nosotros, desde la fábrica, colocamos la ropa en nuestros negocios y en los clientes más del interior, que son mayoristas. Y estas cuestiones siempre llegan primero fuertemente a Capital”.
Igualmente, expresó que, a mediano o largo plazo, “es una situación que nos preocupa y asusta. Es una desventaja. Nosotros tenemos otros costos impositivos y laborales. En otros países no hay los impuestos y las normas que tenemos acá”.
“Además, atenta contra nuestro trabajo, el de los argentinos. Cualquier empresa que cierre o se achique, incluye dejar de comprar al proveedor. Supongamos que traemos ropa para vender de China o Brasil porque es más barata. Seguiríamos trabajando, pero con mucho menos personal. No compraríamos elásticos, botones, hilos, telas, etcétera. Hay mucha cadena que se rompe. No voy a tener más a mis proveedores”, explicó.
Y agregó: “Si viene una multinacional grande de ropa de niños, yo me quedo afuera de la competencia. De ninguna manera puedo competir con el precio. Quizás sí con la calidad. Pero la gente elige el precio. Desde los costos, es imposible de competir. Una empresa como la nuestra, familiar, una vez que se cae no se vuelve a levantar, es casi imposible. Y hemos tenido muchos casos así en Junín”.
Por último, realizó un balance anual de su negocio: “Si lo analizamos desde las ventas, nos fue parecido al año pasado y a lo que uno viene acostumbrado; estuvo estable. Pero con las mismas ventas no se cubren los mismos gastos, no alcanza la plata para lo mismo. Por eso nos achicamos, no en la producción, pero sí tratamos de reducir lo máximo posible los gastos fijos de la fábrica y tener un control extremo”, señaló.
El aumento de la importación de ropa desde China aún no afecta a la producción en Junín