
El crecimiento sostenido del comercio electrónico transformó de manera profunda la logística de distribución en la Argentina. Lo que antes se concentraba en grandes volúmenes transportados en camiones de alto tonelaje, hoy se fragmenta en miles de pequeñas entregas realizadas por camionetas y vehículos utilitarios que recorren barrios, arterias urbanas y rutas interurbanas a lo largo de todo el país. Esta fragmentación, sin embargo, no solo redefinió la operativa del sector: también modificó el mapa del delito. Según datos relevados en un período de doce meses, el 83% de los robos al transporte de mercadería recayó sobre vehículos utilitarios y camionetas de reparto, mientras que apenas el 17% restante afectó a camiones de gran porte.
Un fenómeno impulsado por el comercio electrónico
El Estudio Anual 2025 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) aporta números que ilustran la magnitud del cambio: durante el año pasado se registraron 253 millones de órdenes de compra, que movilizaron 645 millones de productos. El 59% de esas entregas se realizó directamente a domicilio, lo que implica una presencia masiva y constante de vehículos de reparto en las calles.
Este escenario es el telón de fondo sobre el que se producen los robos al transporte de mercadería. Sebastián Cason, Presidente de CASEL, Cámara coorganizadora de Intersec Buenos Aires, lo sintetiza con claridad: “El crecimiento del comercio electrónico impone nuevos escenarios para las redes de logística que deben recorrer miles de kilómetros y enfrentarse a problemáticas no resueltas, como la piratería del asfalto”.
Los rubros más afectados
El análisis de los 4.490 casos registrados en el período de referencia revela que los comestibles concentran el 38% de los robos, seguidos por la paquetería urbana con el 24%. No es una coincidencia: ambos segmentos son precisamente los que experimentaron mayor expansión de la mano del comercio electrónico y la demanda de entrega a domicilio, lo que los convierte en los blancos más frecuentes para los delincuentes.
La geografía del delito
La distribución geográfica de los hechos también es reveladora. El 52% de los casos se registra en la provincia de Buenos Aires y cerca del 20% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo que sitúa al Área Metropolitana como el epicentro de la problemática. El resto se distribuye en distintas provincias del interior del país.
Cuándo y cómo ocurren los robos
Comprender el momento en que se producen los ataques es fundamental para diseñar estrategias de prevención eficaces. Los datos muestran que el 54% de los robos se concreta durante operaciones de carga y descarga, mientras que un 27% adicional ocurre en semáforos o detenciones eventuales. Es decir, los momentos de mayor vulnerabilidad no son los trayectos en ruta, sino las paradas urbanas, los instantes en que el conductor se aleja brevemente del vehículo o cuando la unidad está detenida en la vía pública.
Este patrón obliga a repensar la seguridad desde una perspectiva dinámica. Hasta hace algunos años, buena parte de los esfuerzos del sector se concentraba en proteger depósitos, plantas industriales y centros de distribución. Hoy, una porción creciente del riesgo se encuentra durante el traslado.
La tecnología como respuesta central
Frente al avance de los robos al transporte de mercadería, la industria de la seguridad logística avanza hacia soluciones tecnológicas cada vez más sofisticadas e integradas. Los sistemas de rastreo satelital, que durante años permitieron conocer la ubicación de una unidad en tiempo real, comienzan a complementarse con videovigilancia móvil, inteligencia artificial, telemática y conectividad vehicular.
“La seguridad no puede esperar al colapso, ni responder con la masa física ni escoltas dedicadas, inviables para la logística capilar: la respuesta necesariamente ha de ser tecnología embebida e invisible”, sostiene Cason.
Herramientas que marcan la diferencia
Entre las tecnologías que ganan protagonismo se destacan las cámaras embarcadas con analítica en el borde (Edge AI), diseñadas específicamente para proteger al operador en el momento exacto de la parada urbana. A ellas se suman cerraduras electromecánicas con geocercas dinámicas y sensores de apertura inteligente. El objetivo dejó de ser simplemente localizar un vehículo: ahora se trata de comprender toda la operación en tiempo real, integrando cámaras, sensores y algoritmos que analizan imágenes y datos de manera simultánea para detectar maniobras riesgosas, distracciones del conductor, detenciones no previstas o desvíos de los parámetros esperados.
Un mercado global en expansión
Esta tendencia no es exclusiva de la Argentina. El mercado mundial de sistemas de videovigilancia alcanzó los USD 64.790 millones en 2025, con una proyección de USD 71.650 millones para 2026, y se estima que llegará a los USD 118.830 millones hacia 2031, según datos de Mordor Intelligence. Las principales consultoras del sector coinciden en señalar un aumento sostenido de la adopción de tecnologías como la conectividad 4G/5G, sensores inteligentes e inteligencia artificial en el transporte público, la logística urbana y los vehículos particulares.
Condiciones necesarias para avanzar
Para alcanzar mayores niveles de adopción tecnológica en el sector, los especialistas identifican varios ejes de trabajo prioritarios. En primer lugar, se requieren normativas claras y actualizadas que regulen el uso ético de la videovigilancia móvil, respetando la privacidad sin resignar eficacia. Asimismo, es necesario desarrollar incentivos fiscales o esquemas de financiamiento accesible para que las pequeñas y medianas empresas puedan incorporar estas herramientas.
La capacitación técnica de instaladores y operadores, la interoperabilidad entre dispositivos y plataformas, y la definición de criterios de homologación y buenas prácticas operativas son otros factores que los referentes del sector consideran imprescindibles para consolidar una respuesta efectiva y sostenida ante el problema.
“Invertir en cámaras, sensores inteligentes y conectividad no es solo una medida preventiva contra robos o siniestros: es una decisión estratégica que mejora la operación, brinda datos valiosos y salva vidas”, concluye Cason. Una afirmación que, a la luz de los números, resulta difícil de cuestionar.
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