
El economista Juan Carlos De Pablo, una de las voces más respetadas y cercanas al pensamiento económico que impulsa el gobierno de Javier Milei, salió a poner paños fríos sobre uno de los debates más encendidos de los últimos meses: el valor del dólar y la competitividad de la economía argentina. Sus declaraciones, realizadas en una entrevista con el canal +Perfil, generaron repercusión inmediata en los mercados y entre los analistas del sector.
El contexto no es menor. La cotización del dólar mayorista quebró recientemente la barrera de los $1.500, una cifra que encendió alertas y reavivó el debate sobre el atraso cambiario, la competitividad exportadora y el rumbo del programa económico oficial de cara a las elecciones de 2027.
El dólar no tiene techo: la postura de De Pablo
De Pablo fue categórico al referirse al valor de la divisa norteamericana. Lejos de las especulaciones y las fórmulas matemáticas que intentan calcular un supuesto “dólar de equilibrio”, el economista rechazó de plano ese enfoque. “Eso es aritmética y no economía”, señaló con contundencia, marcando distancia de quienes pretenden reducir la dinámica cambiaria a simples operaciones numéricas.
Para De Pablo, el tipo de cambio responde al libre juego entre la oferta y la demanda de los actores privados, en un esquema de flotación que el propio Banco Central de la República Argentina (BCRA) aprovecha para acumular reservas cuando las condiciones son favorables. “Acá no tenés una intervención directa, tenés flotación. Hace meses que el dólar no se acerca ni por casualidad a la banda superior”, afirmó.
Su frase más resonante fue, sin duda, la más simple: “No hay techo, punto”. Con esa sentencia, el economista descartó cualquier límite artificial a la cotización y dejó en claro que las expectativas de quienes aguardan un salto devaluatorio masivo están mal orientadas. A quienes sueñan con un dólar a $5.000 como solución a los problemas de competitividad, De Pablo les respondió con igual contundencia: “No sueñes”.
Por qué la devaluación no es la solución
Uno de los argumentos centrales del economista apunta directamente a quienes ven en un salto cambiario la salida para las empresas que atraviesan dificultades. De Pablo no solo cuestionó ese razonamiento, sino que advirtió sobre sus consecuencias no deseadas: “No tendrías ese problema, tendrías otros problemas. No hay nada gratis en economía”.
En este sentido, el especialista instó al empresariado a revisar su eficiencia interna en lugar de esperar correcciones desde afuera. La lógica es clara: si el escenario de superávit comercial se mantiene robusto, impulsado por sectores exportadores de gran escala, la presión sobre el tipo de cambio no vendrá desde el sector externo sino, eventualmente, desde desequilibrios internos que el propio sector privado debe resolver.
Vaca Muerta, la minería y el dólar bajo permanente
Uno de los elementos más llamativos del análisis de De Pablo es su proyección sobre el comportamiento estructural del dólar en el mediano plazo. El economista anticipó un escenario de “dólar bajo permanente”, sostenido por el impacto exportador de dos sectores que están en plena expansión: Vaca Muerta y la minería.
Ambos sectores tienen el potencial de generar una oferta sostenida de divisas que, en el marco del actual esquema de flotación, mantendrá presionada a la baja la cotización de la moneda estadounidense. Este panorama implica un desafío estructural para las industrias que compiten con importaciones o que dependen de un tipo de cambio elevado para sostener su rentabilidad.
Un mensaje directo para las empresas
El diagnóstico de De Pablo no deja margen para la ambigüedad: el contexto cambiario que se avecina exige adaptación, no espera. Las empresas que aún confían en que una corrección del tipo de cambio resolverá sus problemas de competitividad podrían encontrarse ante una realidad muy diferente. La recomendación implícita es clara: la eficiencia operativa, la reducción de costos internos y la innovación son los caminos disponibles, no la devaluación.
La morosidad, una señal de alarma para los hogares
Además del análisis cambiario, De Pablo abordó otro fenómeno que preocupa al sistema financiero: el aumento de la morosidad en los hogares. Durante una charla en el auditorio Las Camelias, el economista utilizó la metáfora del “almacenero” para explicar su postura: cuando los ingresos bajan, la respuesta correcta es recortar gastos, no endeudarse.
Su advertencia fue directa y sin rodeos: “No te endeudes, no importa lo que pase”. El razonamiento detrás de esta recomendación es que las tasas de interés vigentes, tanto en tarjetas de crédito como en billeteras digitales y en el mercado informal, se encuentran entre las más altas del mundo. Tomar crédito en ese contexto, lejos de aliviar la situación de los hogares, puede convertirse en un agravante de difícil reversión.
El sistema financiero bajo observación
El incremento de la morosidad no es solo un problema individual de las familias: representa una señal de alerta para la salud del sistema financiero en su conjunto. Si la tendencia se profundiza, podría poner presión sobre los bancos y sobre la capacidad del crédito de seguir siendo un motor de consumo e inversión. En ese sentido, las palabras de De Pablo funcionan también como un llamado de atención para las entidades financieras y para el propio regulador.
El programa económico y el horizonte 2027
Con las elecciones legislativas de 2027 ya en el radar de todos los actores políticos y económicos, el análisis de De Pablo cobra una dimensión adicional. Su lectura sugiere que el programa económico del gobierno de Milei tiene condiciones para mantenerse en el tiempo, siempre que no se cometan errores de diagnóstico como los que él mismo criticó: buscar en la devaluación una solución que no existe.
El superávit comercial, la acumulación de reservas por parte del BCRA y el ingreso de divisas provenientes de sectores estratégicos como la energía y la minería configuran un cuadro que, según De Pablo, no requiere de correcciones cambiarias abruptas. El desafío, en todo caso, pasa por sostener el equilibrio fiscal, contener la inflación y acompañar la recuperación del poder adquisitivo de los salarios.
En síntesis, el panorama que traza uno de los economistas más influyentes del círculo cercano al oficialismo es el de una economía que avanza sobre bases más sólidas de lo que el debate público suele reconocer, pero que enfrenta desafíos concretos en materia de morosidad, competitividad sectorial y expectativas de mediano plazo.
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