Impacto del incremento en los costos operativos
El transporte por carretera es el principal medio para la distribución de mercancías en Chile. A diferencia de otros países de la región, la infraestructura logística en Chile presenta una presencia ferroviaria muy limitada para el transporte de carga, lo que hace que los camiones sean esenciales para conectar los diferentes polos productivos del país.
Esta dependencia del diésel como insumo clave significa que cualquier variación en su precio afecta a toda la cadena logística, desde el punto de producción hasta la entrega final al consumidor.
Un ajuste que recorre toda la cadena
Recientemente, el gobierno chileno anunció que el precio del diésel aumentará un 62% y el de la gasolina alrededor del 32%. Esta es la segunda mayor subida histórica en el país, impulsada por el aumento global del petróleo en un contexto de tensiones en Oriente Medio.
La Confederación Nacional de Dueños de Camiones ha estimado que este ajuste se trasladará entre un 20% y un 25% a cada eslabón de la cadena de distribución, lo que generará un impacto inflacionario significativo. Este aumento incluye el costo del flete de larga distancia, la distribución regional y el abastecimiento de localidades que dependen exclusivamente de camiones.
El gremio ha advertido a las autoridades sobre las consecuencias de un ajuste tan drástico y ha sugerido que se implemente de manera gradual. Además, han indicado que las tarifas de flete deberán ser revisadas para reflejar la nueva estructura de costos.
Sin red ferroviaria como alternativa
El impacto del aumento de precios se ve agravado por una característica estructural del sistema logístico chileno: la falta de una red ferroviaria de carga funcional en gran parte del territorio. En comparación, países como Argentina, Brasil y México cuentan con ferrocarriles que facilitan el movimiento de granos, minerales y otros productos, especialmente cuando los costos del transporte por carretera aumentan.
En Chile, esta opción no está disponible a corto o mediano plazo. Las rutas más transitadas, que conectan puertos del norte con zonas mineras o que unen el centro con el sur agroindustrial y forestal, dependen completamente del transporte por camión.
Esta dependencia limita las opciones del sistema logístico ante cambios bruscos en el precio del combustible, haciendo inevitable un ajuste tarifario que afectará a todos los sectores que utilizan transporte terrestre.
Medidas que van más allá del transporte de carga
El gobierno ha complementado el anuncio del aumento de precios con medidas de compensación principalmente orientadas al transporte de pasajeros. Estas incluyen un subsidio mensual de aproximadamente 110 dólares para taxis y colectivos durante seis meses, así como una línea de crédito para la renovación de flotas con un enfoque en la electromovilidad.
No obstante, el transporte de carga no cuenta con mecanismos específicos dentro de este paquete de medidas. El gremio del sector ha calificado estas iniciativas como insuficientes, señalando que la falta de apoyo a los operadores de carga terrestre deja a toda la cadena de distribución vulnerable ante el nuevo escenario de costos.
El efecto de este aumento no solo impactará las relaciones entre transportistas y clientes, sino que también se reflejará en el precio de productos de consumo masivo, alimentos frescos, insumos industriales y materiales de construcción, cuyos incrementos variarán según el peso del flete en su costo total y la capacidad de cada sector para absorber o trasladar estos costos.
Este escenario refuerza una discusión que el sector logístico chileno ha mantenido durante años: la necesidad de diversificar su matriz de transporte. Desarrollar infraestructura ferroviaria para carga, incorporar vehículos eléctricos en las flotas de distribución urbana y optimizar la gestión de rutas y cargas son algunas de las soluciones propuestas para enfrentar la volatilidad del precio del petróleo.
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