Clara Paulin, analista de comercio internacional en la industria metalúrgica, comparte su experiencia en el comercio exterior argentino y los desafíos que ha enfrentado.
Clara Paulin relata su trayectoria en el comercio exterior argentino, desde los retos iniciales al iniciar un proceso de internacionalización hasta la relevancia de fortalecer lazos dentro de las organizaciones.
¿Cómo descubriste tu vocación por el comercio exterior?
Mi acercamiento al comercio exterior argentino fue totalmente fortuito. Hasta el último año del colegio no tenía claro qué estudiar. Las carreras convencionales no me convencían del todo, y consideraba opciones como marketing o relaciones internacionales. Fue en ese momento, al investigar, que descubrí la carrera de comercio exterior.
Al comenzar a estudiarla, me cautivó. Es una disciplina integral que abarca desde temas comerciales hasta la interacción con diversas culturas y el conocimiento profundo de mi país para proyectarlo al mundo. Me apasiona lo que hago porque siento que es una herramienta para potenciar lo mejor de Argentina hacia el exterior.
¿Cómo fue la experiencia de empezar en una empresa sin un departamento de comercio exterior?
Al comenzar, enfrenté un gran reto. La empresa carecía de experiencia previa en comercio exterior, y yo era joven y con poca experiencia. Al principio, me sentía desorientada y dudaba de mis capacidades, pero el equipo me brindó mucho apoyo. Me dieron la confianza para proponer ideas y aprender en el camino. Contar con compañeros que creyeron en mí fue fundamental. Aprendí a reconocer mis limitaciones, lo que me permitió crecer profesionalmente.
Para entender qué ofrecíamos al mercado internacional, tuve que sumergirme en todos los aspectos del negocio. Esto incluyó aprender sobre el producto, su aplicación y sus ventajas competitivas. Pasé tiempo con los operarios en la planta y visité clientes para comprender cómo utilizaban nuestros productos. Fue un proceso desafiante pero enriquecedor.
¿Qué importancia tiene comprender el mercado y adaptarse a sus necesidades?
El comercio exterior argentino va más allá de realizar una exportación; es un proceso integral. Implica entender al cliente, su cultura y las exigencias del mercado. Aunque tengamos un país vecino como Brasil, cada mercado tiene sus particularidades. Esto requiere adaptar el producto y mejorar la competitividad de manera constante. Es esencial ofrecer más que el producto: el cliente espera rapidez, calidad y logística eficiente.
Este aprendizaje nos permitió dar un gran paso: cambiar nuestra mentalidad y entender que no se trata solo de vender, sino de establecer relaciones comerciales sostenibles.
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentaste en este sector?
Uno de los mayores desafíos fue adaptarse a un entorno competitivo. A medida que se liberaliza el comercio exterior, la competencia aumenta y surgen empresas con costos más bajos. Esto nos obliga a mejorar en eficiencia, tecnología y calidad.
El contexto económico también presenta obstáculos, como la variabilidad del tipo de cambio y las restricciones para importar materia prima. Sin embargo, en lugar de desanimarnos, aprovechamos estos momentos para aprender sobre mercados, impuestos y oportunidades de agregar valor. La paciencia y la constancia son claves en este proceso, ya que las relaciones comerciales se construyen a largo plazo.
¿Cómo es la relación entre el comercio exterior y las diferentes áreas de la empresa?
La comunicación es fundamental en este aspecto. Desde el inicio, trabajé para que todas las áreas comprendieran los objetivos y beneficios del comercio exterior. Al principio, había resistencia, especialmente en la planta, pero con el tiempo logramos que todos reconocieran el impacto positivo que esto puede tener en el crecimiento de la empresa y la estabilidad laboral.
Es clave explicar cada paso del proceso, como por qué ingresamos ciertos productos o cómo esto contribuye a mejorar nuestra competitividad. Este enfoque generó un cambio en la percepción de mis compañeros, quienes ahora ven al comercio exterior como una oportunidad, no como una amenaza.
¿Cuál es tu visión sobre el rol del comercio exterior para Argentina?
Creo que el comercio exterior tiene el potencial de transformar a Argentina. Aunque muchos lo ven con temor por los costos o la competencia, deberíamos considerarlo como una oportunidad para mejorar. Nuestro país cuenta con talentos increíbles y una capacidad de adaptación única. Si aprovechamos esto, podemos posicionarnos como actores clave en el mercado internacional.
Es positivo estudiar comercio exterior no para abandonar el país, sino para potenciarlo. Elegí esta carrera porque creo en el distintivo que tenemos como argentinos: nuestra mano de obra capacitada, nuestras universidades de excelencia y nuestra capacidad de adaptarnos a cualquier situación. Si aprendemos a ver nuestras debilidades como oportunidades de mejora, el comercio exterior puede traer muy buenas noticias para todos.
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