Arturo Jauretche ofreció dos reflexiones para entender este contexto: primero, “no se trata de cambiar de collar, sino de dejar de ser perro”, lo que implica que deshacerse del collar no es solo tirarlo, sino que requiere un consenso comunitario y una toma de conciencia sobre el camino a seguir, como ocurrió en 2006 al saldar la deuda con el FMI. Segundo, “si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”, lo que indica que el problema no radica en China o EE.UU., sino en cómo el gobierno chino planifica y desarrolla su estrategia en función de sus intereses nacionales.
China FMI deuda económica
Las teorías del Estructuralismo, la Dependencia y la CEPAL nos proporcionan herramientas para analizar si existe un nuevo centro económico en el siglo XXI, que podría no ser el de EE.UU. ni el británico, o si podría haber una competencia entre diferentes centros económicos. ¿Qué papel desempeñaremos en la periferia?
La moneda china forma parte de la cesta de monedas del FMI y tiene un asiento en dicho organismo, aunque EE.UU. posee poder de veto. Esto plantea otra pregunta: ¿Cuál es el propósito de un organismo como el FMI para los países de la región? Muchos economistas parecen ignorar la historia. Argentina ha tenido 21 acuerdos con el FMI, ¿alguno ha tenido éxito? No.
Sin embargo, el FMI representa los intereses de las empresas y bancos de los países centrales. Un dato histórico es que tras la crisis del petróleo en 1973, un grupo de intelectuales coordinados por Jan Tinbergen se reunió para reflexionar sobre el futuro de los países industrializados y del Tercer Mundo. Se concluyó que “el Tercer Mundo puede fortalecer su posición de poder mediante el control de sus recursos naturales escasos”, como lo demostró la OPEP. La prosperidad de los países industrializados depende del suministro regular de materias primas del Tercer Mundo.
Este hecho revela un punto de coincidencia entre las élites locales y las internacionales, que buscan establecer un nuevo pacto neocolonial, manteniendo la estructura productiva histórica: las divisas provienen de cereales, oleaginosas, minería, alimentos y bebidas. La demanda externa define la estructura productiva interna, transformando a Argentina de un granero a un supermercado del mundo.
El FMI y China son parte de un problema mayor. No es solo el gringo que compra o financia, sino el criollo que vende. Este criollo incluye a Macri, Caputo, Sturzenegger y Bullrich, quienes en 2018 cerraron un acuerdo con el FMI que benefició a sectores minoritarios, permitiendo la acumulación de dólares. Ahora, Milei, Caputo, Scioli y Macri profundizan las políticas económicas iniciadas entre 2016 y 2019.
Bajo el paraguas del FMI, se implementan ajustes fiscales, liberalización de tarifas, libertad de precios, metas de reservas y tasas reales positivas. ¿Podrá el gobierno de Milei y Macri cumplir con estas metas? Las exigencias del FMI favorecen a los países centrales, desindustrializando la estructura productiva argentina y desfinanciando el desarrollo científico, dejando los recursos naturales a merced de las empresas transnacionales. Esto genera una dependencia financiera (Macri), comercial (China, EE.UU., UE) y tecnológica.
Cristianismo revolucionario
Ante este panorama desolador, es pertinente recordar las palabras del Papa Francisco: “si el pueblo pobre no se resigna, se organiza, persevera en la construcción comunitaria y lucha contra las estructuras de injusticia social, eventualmente las cosas cambiarán para bien”. A pesar de las críticas de ciertos sectores medios argentinos, “cuando el Papa habla, habla para todos, porque la Iglesia es para todos, pero no puede ignorar la centralidad de los pobres en el Evangelio”. “Esto no es comunismo, es Evangelio puro”, enfatizó.
El presidente Milei ha desestimado la noción de Justicia Social, a lo que el Papa definió como una “expresión creada por la Iglesia”, insistiendo en los atributos de Dios: cercanía, misericordia y compasión. Si se desea emprender una acción social, deben aplicarse estos tres atributos. “La justicia social es inseparable de la compasión”, continuó Francisco.
En cuanto a la represión hacia nuestros jubilados, el Vaticano comentó: “Porque eran revoltosos, comunistas, no, no, no, y el gobierno se puso firme y en vez de pagar justicia social, pagó el gas pimienta, le convenía. Ténganlo en cuenta”. Todos debemos ayudar a los demás.
¿Cuántos millones han ingresado en inversiones? Francisco recordó que el diablo entra por los bolsillos, sin importar su origen. Sin embargo, solo el 5% de las inversiones globales llegan a América del Sur, no solo a Argentina, sino también a Brasil, Colombia, Chile o Perú.
La principal mega inversión, Petronas, está en duda. “Si a fin de año Petronas no desembolsa el dinero, su participación en el proyecto de licuefacción de GNL se caerá. ¿Llegarán los 180 millones de dólares a fin de año? ¿No eran 30.000 millones de dólares? En la práctica, nunca hubo un contrato vinculante, solo cartas de intención”, según Gandini (eco journal). Parece que uno de los pocos países que invierte en Argentina es China.
Estamos ante un nuevo pacto colonial, donde antes eran cuentos de la corona, ahora son cuentos chinos. Es crucial recordar las palabras del obispo de Roma: “Que nadie nos robe la memoria histórica y el sentido de pertenencia a un pueblo. Los argentinos, que tenemos indígenas, recordemos a Roca. El colonialismo material, ideológico y cultural siempre va de la mano, devorando la riqueza de los pueblos. Pienso en experiencias de mi país, donde el colonialismo se llama Litio y explota a tantas personas”. Hay intereses globales, no universales.
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