
En una decisión ampliamente anticipada por los mercados, el Banco de Japón sube tasas hasta el 1,25%, alcanzando su nivel más elevado desde septiembre de 1995. La medida, anunciada este viernes por el gobernador Kazuo Ueda, representa un hito en la política monetaria nipona, aunque no logró estabilizar al yen frente al dólar. Por el contrario, la moneda japonesa cedió terreno y se acercó nuevamente a la barrera psicológica de 160 yenes por dólar, una zona que en el pasado reciente desencadenó intervenciones coordinadas entre el gobierno japonés y el Tesoro de Estados Unidos.
El incremento de 25 puntos básicos se produce apenas tres meses después del último ajuste al alza, lo que rompe con la tendencia instaurada desde 2024 de aumentar las tasas dos veces al año en intervalos más regulares. Esta aceleración responde, en parte, a las presiones inflacionarias derivadas del conflicto en Medio Oriente, que empujó el precio del crudo hacia arriba y complicó el panorama de precios en toda la región asiática.
El contexto detrás de la decisión del Banco de Japón
Inflación, petróleo e inteligencia artificial como factores determinantes
Ueda explicó durante la conferencia de prensa posterior al anuncio que, con una inflación subyacente cercana al 2%, el enfoque del organismo ha cambiado de manera sustancial. Históricamente, Japón padeció décadas de deflación, por lo que la política monetaria estuvo orientada a estimular los precios al alza. Ahora, sin embargo, el objetivo es evitar que esos precios se disparen por encima de la meta establecida.
“Si se materializan los riesgos de que la inflación subyacente supere el 2%, eso podría tener un impacto negativo en la economía de Japón”, declaró Ueda ante la prensa. No obstante, el funcionario evitó comprometerse con un calendario explícito de futuras subas, lo que generó cierta decepción entre los inversores que apostaban por una postura más agresiva.
Desde Oxford Economics, el jefe de Economía de Japón, Shigeto Nagai, y el economista principal, Norihiro Yamaguchi, señalaron que más allá de las tensiones en Medio Oriente, el auge de la inteligencia artificial y la debilidad estructural del yen también influyeron en la justificación del aumento. Ambos analistas consideraron que el Banco de Japón “está haciendo cada vez más hincapié en estos riesgos al alza y parece más abierto a subir las tasas a un ritmo más rápido que antes, dada la dinámica cambiante de la inflación”.
La presión de Estados Unidos como telón de fondo
Otro elemento que los analistas de Oxford Economics pusieron sobre la mesa es la presión ejercida por Washington. Según su lectura, “la presión de Estados Unidos parece haber reducido los obstáculos políticos para las subidas de tasas”, algo que habría facilitado la decisión del directorio del Banco de Japón en esta oportunidad, aunque sin eliminar por completo las fricciones internas.
Disidencias internas que debilitaron el mensaje
Dos votos en contra y su impacto en el yen
Uno de los factores que más pesó sobre el desempeño del yen tras el anuncio fue la disidencia de dos miembros del directorio: Toichiro Asada y Ayano Sato, ambos designados por la primera ministra Sanae Takaichi, conocida por su inclinación hacia una política fiscal expansiva. Estos dos funcionarios argumentaron que el organismo debía actuar con más cautela a la hora de encarecer el costo del endeudamiento.
Desde el banco ING indicaron que “su disidencia podría dificultar que la junta llegue a un consenso sobre otra subida este año”, y advirtieron que esto “pone de manifiesto la resistencia frente al ritmo más rápido de aumentos de tasas en más de tres décadas”. Para los analistas del banco holandés, Asada y Sato podrían actuar como un freno concreto a cualquier intento de acelerar el proceso de normalización monetaria.
El resultado fue contundente en el mercado cambiario: el yen cayó un 1,2% en las horas posteriores al anuncio, llegando a 157,89 unidades por dólar. El banco ING advirtió que existe la posibilidad de un retroceso hacia los 160 por dólar en las próximas semanas, especialmente si los precios del petróleo se mantienen elevados y la Reserva Federal decide volver a subir sus propias tasas en octubre.
Perspectivas y riesgos para la economía japonesa
La estanflación, un escenario que no se descarta
Más allá de la coyuntura inmediata, los economistas de Oxford Economics advierten sobre riesgos de mediano plazo. Si el alza en los precios del petróleo se sostiene en el tiempo, existe la posibilidad de que Japón caiga en un proceso de estanflación leve, es decir, una combinación de inflación persistente y bajo crecimiento económico. En ese escenario, el Banco de Japón sube tasas podría verse obligado a continuar su ciclo de ajuste hasta niveles del 2% para mediados de 2027, con el fin de anclar las expectativas inflacionarias.
Sin embargo, la próxima suba hasta el 1,75% se presenta como una decisión “más delicada”, según Oxford Economics, dado que las tasas se acercarían progresivamente a la tasa de equilibrio de la economía japonesa. A eso se suma la postura del gobierno de Takaichi, que seguirá presionando para frenar la normalización monetaria y sostener el impulso fiscal.
Una comparación desfavorable con otros bancos centrales
El problema estructural que enfrenta el Banco de Japón es que, si bien lleva meses endureciendo su política monetaria, lo hace a un ritmo considerablemente más lento que sus pares de Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido. Esa brecha en las tasas de interés es precisamente lo que alimenta la debilidad del yen, ya que los inversores prefieren colocar su capital en monedas con rendimientos más atractivos.
El comunicado oficial del organismo afirmó que el Banco de Japón “está dispuesto a seguir empujando el costo del financiamiento hacia arriba”, sumándose a la ola global de endurecimiento monetario. Sin embargo, la falta de compromisos concretos sobre el ritmo de las subas futuras restó contundencia al mensaje y dejó a los mercados con más preguntas que certezas.
En definitiva, aunque el Banco de Japón sube tasas con determinación y alcanza niveles no vistos en tres décadas, los desafíos son múltiples: disidencias internas, presión política del gobierno, un yen que sigue sin recuperarse y un entorno internacional marcado por la volatilidad del petróleo y las tensiones geopolíticas. La hoja de ruta del organismo seguirá siendo objeto de escrutinio en los próximos meses.
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