
La economía argentina atraviesa un momento de marcada fragilidad. Lorenzo Sigaut Gravina, economista de la consultora Equilibra, encendió las alarmas al advertir que el país corre el riesgo de combinar un crecimiento muy débil con una inflación que se mantiene persistentemente elevada. Este cuadro, conocido como estanflación, representa uno de los escenarios más temidos por analistas y tomadores de decisiones, dado que limita tanto las herramientas de política monetaria como las de política fiscal disponibles para revertir el deterioro.
Según las proyecciones de Equilibra, el Producto Interno Bruto crecería apenas un 1,3% durante 2026, un número sostenido casi exclusivamente por el desempeño de las actividades primarias como la energía, la minería y la agroindustria. Mientras tanto, sectores con fuerte presencia en los grandes centros urbanos, como la industria, el comercio y la construcción, muestran señales de debilitamiento que no logran compensarse con el dinamismo de los rubros extractivos.
Un crecimiento desigual que no llega a todos los sectores
El peso de Vaca Muerta y las cosechas excepcionales
El analista reconoció que el aporte de las cosechas excepcionales comienza a diluirse en el tiempo, mientras que Vaca Muerta continúa siendo uno de los principales motores de la actividad económica nacional. Sin embargo, advirtió que tanto la minería como la energía tienen una capacidad limitada para generar empleo formal y para trasladar sus beneficios a los trabajadores y consumidores de las zonas urbanas más densamente pobladas.
Esta estructura de crecimiento concentrada en pocos sectores es precisamente la que alimenta el riesgo de estanflación: la economía crece en el papel, pero esa expansión no se traduce en mejoras concretas para la mayoría de la población activa. La industria acumula presión competitiva, el comercio minorista resiente la caída del consumo y la construcción se estabilizó en niveles históricamente bajos.
Cinco trimestres consecutivos de caída en la inversión
Uno de los datos más preocupantes que mencionó Sigaut Gravina es que la inversión acumula cinco trimestres seguidos de contracción. Este indicador es clave porque la formación de capital es la base sobre la que se construye el crecimiento futuro. Sin inversión sostenida, cualquier recuperación tiende a ser frágil y de corta duración.
A esto se suma el problema de la mora crediticia, que dificulta el acceso al financiamiento para empresas y consumidores. Para que la economía recupere un ritmo más robusto, el economista enumeró una serie de condiciones indispensables: frenar la pérdida de puestos de trabajo formales, reactivar la inversión y el crédito, reducir la inflación de manera genuina y lograr que los salarios reales le ganen a los precios en forma sostenida.
El empleo formal, la variable que más preocupa
Sigaut Gravina fue especialmente enfático en señalar el deterioro del mercado laboral como uno de los factores centrales del estancamiento. Desde el inicio de la actual gestión de gobierno, se perdieron aproximadamente 250.000 puestos asalariados privados registrados. La creación de nuevas ocupaciones en el sector informal y el cuentapropismo amortiguó el alza del desempleo, pero no logró compensar la pérdida en calidad del empleo ni en ingresos estables.
“El principal llamado de atención está en las variables reales”, expresó el analista, vinculando el deterioro laboral con la posible confirmación de dos trimestres consecutivos de contracción, lo que constituiría técnicamente una recesión. De hecho, datos del Banco Provincia ya indicaron que la economía bonaerense entró en recesión técnica durante el tercer trimestre del año.
El calendario electoral como factor de riesgo adicional
De cara a 2027, el escenario se complica por la proximidad del ciclo electoral. Sigaut Gravina advirtió que la incertidumbre política suele postergar decisiones de inversión y disparar la demanda de dólares como reserva de valor. Ambos fenómenos operan en contra de una recuperación económica genuina y alimentan el círculo vicioso propio de la estanflación: menos inversión implica menos empleo, menos consumo y menos recaudación.
El mayor riesgo explícitamente señalado por el economista es repetir en 2027 un año con muy poco crecimiento y con una inflación que siga siendo elevada, combinación que define con precisión el concepto de estanflación y que históricamente ha resultado muy difícil de revertir sin costos sociales significativos.
Criticas al ancla cambiaria y a la apertura comercial
El tipo de cambio como instrumento antiinflacionario cuestionado
Si bien el analista reconoció el equilibrio de las cuentas públicas como uno de los principales logros del Gobierno actual, cuestionó duramente la estrategia de utilizar el dólar como ancla antiinflacionaria. “El Gobierno abusó del ancla cambiaria para bajar la inflación”, afirmó. A su juicio, el movimiento limitado del tipo de cambio oficial, combinado con la eliminación de restricciones y la reducción de aranceles a las importaciones, incrementó la presión competitiva sobre la producción local.
En particular, expresó preocupación por la competencia de productos de origen chino, cuya irrupción en el mercado interno afecta a la industria manufacturera, a las economías regionales y también al sector turístico. Como alternativa, propuso evaluar una política fiscal o monetaria más expansiva frente a la debilidad de la demanda interna, y analizar los costos y beneficios de sostener un tipo de cambio menos apreciado, reconociendo que esa opción podría acelerar los precios en el corto plazo pero brindaría mayor margen de competitividad a los sectores expuestos al comercio exterior.
Un diagnóstico que exige respuestas estructurales
El panorama descripto por Equilibra exige una reflexión profunda sobre el modelo de crecimiento vigente. La dependencia de sectores intensivos en capital y recursos naturales, la caída del empleo formal, la contracción de la inversión y el riesgo latente de estanflación configuran un cuadro que no puede resolverse con ajustes marginales. La economía argentina necesita condiciones macroeconómicas estables, pero también políticas activas que amplíen la base productiva y distribuyan los beneficios del crecimiento de manera más equitativa entre regiones y sectores.
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