
No. Apenas hay un intento por ordenar y transparentar un sistema delirante que no se usaba en ningún lugar del mundo.
En los últimos meses, la política comercial del Gobierno ha sido objeto de intenso debate. ¿Estamos ante una apertura indiscriminada de importaciones, como algunos advierten y otros protestan? O, por el contrario, ¿se trata de un intento por desmantelar un sistema lleno de restricciones que había mantenido a la economía argentina entre las más cerradas del mundo? La opinión generalizada es que es más bien lo segundo.
Apertura comercial Milei
Para entender el contexto, es importante revisar cómo se gestionaba el comercio antes de la presidencia de Javier Milei. Hasta finales de 2023, importar en Argentina era un proceso complicado y costoso. Los importadores enfrentaban altos aranceles, junto a la necesidad de obtener autorizaciones de la Secretaría de Comercio, parte del Sistema de Importaciones de la República Argentina (SIRA). Estas autorizaciones eran otorgadas de manera discrecional, lo que generaba corrupción y demoras significativas en el acceso a divisas.
Este sistema no solo provocaba escasez de productos en el mercado interno, sino que también contribuía a un aumento desmedido de precios. Entre septiembre de 2022 y noviembre de 2023, los precios de los productos importados aumentaron un 267%, mientras que los costos de adquisición en el exterior solo crecieron un 122%. Esta diferencia generó rentas extraordinarias para un grupo selecto de importadores.
La nueva administración ha tomado medidas significativas para cambiar esta dinámica. Una de las primeras decisiones fue eliminar las SIRA. En su lugar, se implementó un nuevo esquema que permite el acceso a divisas en cuotas mensuales, lo que ha hecho el proceso más transparente y predecible. Además, se han reducido los plazos para acceder a divisas y se han eliminado impuestos que encarecían las importaciones.
El Gobierno también ha facilitado la importación de bienes de capital usados y ha eliminado barreras no arancelarias que complicaban el comercio. Estas acciones están alineadas con un objetivo más amplio de mejorar la competitividad y reducir costos para las empresas argentinas.
Sin embargo, a pesar de estas mejoras, Argentina sigue siendo un país con restricciones significativas en comparación con sus vecinos. El arancel promedio de importación es del 9.5%, lo que es considerablemente más alto que en otras regiones. Esto implica que aún hay mucho espacio para seguir reduciendo costos y mejorar la competitividad en el comercio internacional.
En conclusión, la apertura comercial Milei no es una apertura indiscriminada, sino un intento por desmantelar un sistema que limitaba el comercio y generaba distorsiones. A medida que el país avanza hacia un comercio más libre, es crucial que se implementen políticas que apoyen a los sectores que se beneficiarán de esta apertura, al mismo tiempo que se mitigan los riesgos de una mayor exposición a la competencia.
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