La negativa de los aliados de la OTAN ante la intervención en Ormuz
Los aliados de la OTAN han desestimado la propuesta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que la alianza militar intervenga en la reapertura del estrecho de Ormuz, que se encuentra bloqueado desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Las autoridades alemanas han reiterado que la situación actual no está relacionada con la OTAN, según declaraciones del portavoz gubernamental Stefan Kornelius y del canciller Friedrich Merz. Ambos han negado cualquier posibilidad de despliegue militar alemán o de la alianza en la región, subrayando que “la OTAN es una alianza para la defensa del territorio de sus miembros y no existe el mandato para desplegar a la OTAN”.
El presidente Trump había señalado en una entrevista con el Financial Times que la Alianza Atlántica enfrenta un futuro “muy malo” si no colabora en la apertura del estrecho, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y gas natural del mundo. La interrupción del tráfico marítimo por parte de Irán, en respuesta a los ataques estadounidenses e israelíes iniciados el 28 de febrero, ha provocado un aumento en los precios del crudo y ha generado preocupaciones sobre un posible repunte inflacionario global. Trump ha insistido en que “llevamos 40 años protegiéndolos y no quieren involucrarse”, refiriéndose a sus aliados, y ha instado a una “colaboración rápida y entusiasta” para asegurar el tráfico marítimo.
La negativa a la intervención fue respaldada por varios gobiernos europeos. El primer ministro británico Keir Starmer ha afirmado que su país no se verá arrastrado a una guerra contra Irán, aunque está trabajando en un “plan colectivo viable” junto a sus aliados para reabrir el paso y mitigar el impacto económico. Starmer ha enfatizado que la prioridad es “la protección de los ciudadanos británicos en Oriente Medio” y ha anunciado un paquete de apoyo para los hogares más vulnerables ante el aumento de los precios de la energía, que han superado los 104 dólares por barril. Tanto Francia como el Reino Unido podrían participar en una operación de vigilancia, pero han dejado claro que no se trataría de una misión de la OTAN.
La Unión Europea también ha descartado modificar el mandato de su misión naval Aspides en el mar Rojo para incluir el estrecho de Ormuz. “Esta no es la guerra de Europa, pero los intereses de Europa están directamente en juego”, ha reconocido la alta representante, Kaja Kallas, quien ha defendido una solución diplomática y ha subrayado que “nadie quiere entrar activamente en el conflicto”. La UE está considerando alternativas, como replicar el acuerdo de exportaciones de grano ucraniano, pero la mayoría de los Estados miembros se opone a cualquier intervención militar que pueda escalar el conflicto.
Varios gobiernos, incluidos los de España, Italia, Grecia, Suecia y Dinamarca, han confirmado que no tienen planes de enviar buques de guerra a la región. Las autoridades italianas han advertido que una participación militar equivaldría a “entrar en guerra”, mientras que Alemania ha cuestionado la efectividad de reforzar la presencia naval europea en un área donde “ni siquiera la poderosa marina estadounidense logra garantizar el paso”. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, ha enfatizado que “no es nuestra guerra, no la hemos comenzado” y que no existe el mandato internacional necesario para involucrar a la OTAN o a la UE.
Por su parte, el ejército israelí ha informado que tiene planes detallados para continuar sus operaciones contra Irán durante al menos tres semanas más, con el objetivo de debilitar su capacidad de amenaza mediante ataques a infraestructuras de misiles, instalaciones nucleares y el aparato de seguridad. Mientras tanto, Irán ha respondido con drones, misiles y minas navales, prolongando el cierre del estrecho y afectando instalaciones clave como el aeropuerto de Dubái y plantas petroleras en Emiratos Árabes Unidos.
Las operaciones en el estrecho de Ormuz han sido objeto de intenso debate en la Unión Europea, donde se reconoce que el bloqueo impacta directamente en el comercio y el suministro energético, beneficiando especialmente a Rusia debido al aumento de precios. Desde el inicio del conflicto, la UE ha evacuado a 30,000 ciudadanos de la región y ha aprobado nuevas sanciones contra funcionarios iraníes. Sin embargo, la preocupación por una “guerra eterna” y una escalada regional ha llevado a los europeos a limitar su respuesta a un refuerzo diplomático y humanitario, descartando por ahora la participación militar directa.
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