La fusión Bunge-Viterra: Implicaciones para el campo argentino
La reciente fusión entre Bunge y Viterra genera preocupaciones sobre la concentración del mercado agrícola en Argentina y su impacto en los precios de los alimentos.

Un nuevo gigante en el mercado
Bunge, con una plantilla de 23,000 empleados en 40 países, y Viterra, que cuenta con 17,500 empleados en 37 países, se unen para dominar el mercado. En Argentina, Bunge tiene una larga historia que se remonta a 1884, mientras que Viterra surgió de Oleaginosa Moreno y fue adquirida por Glencore. Juntas, estas empresas controlarán una parte significativa de las exportaciones de cereales y subproductos en el país.
Se estima que la fusión permitirá a Bunge y Viterra exportar el 18% de los cereales, el 34% de los subproductos y el 61% del aceite de girasol de Argentina, lo que representa un impacto considerable en la economía local.
Concentración del mercado y sus efectos
En el contexto argentino, la fusión Bunge-Viterra incrementará la concentración del mercado, donde ya ocho empresas controlan el 84% de las ventas de cereales al exterior. Este fenómeno plantea serias dudas sobre la competencia y el futuro de las políticas agrícolas en el país, especialmente ante la creciente influencia de empresas extranjeras.
La Comisión Nacional de Defensa de la Competencia ha advertido sobre los riesgos de una concentración excesiva, especialmente tras la adquisición de Renova por parte de Viterra. La falta de intervención del gobierno actual podría agravar esta situación, afectando a los pequeños productores y a la economía nacional.
Perspectivas inciertas
La fusión también se produce en un contexto de incertidumbre económica. Las proyecciones indican que las exportaciones de granos podrían caer un 1.5% en 2024, lo que contrasta con las expectativas del sector agroexportador. Además, la política exterior del gobierno actual ha complicado las relaciones comerciales con China, lo que podría limitar las oportunidades para Argentina en el mercado global.
En resumen, la fusión Bunge-Viterra no solo representa un cambio significativo en la estructura del mercado agrícola argentino, sino que también plantea serias interrogantes sobre la competencia, la política económica y el futuro de los precios de los alimentos en el país.
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