El precio del producto más exportado volvió a bajar mientras que el dólar en Brasil subió 30% en el año y tocó ayer un nuevo máximo
La jornada de ayer podría haber sido una jornada completamente negra en el mercado si los bonos de la deuda no hubieran resistido el embate generalizado que afectó a los mercados globales, impactando también en Argentina con una fuerte presión sobre el dólar y un mal desempeño de las acciones.
Estos movimientos, especialmente en el mercado cambiario, se atribuyen a la estacionalidad típica de diciembre. Además, los activos privados no pudieron escapar a la caída de los mercados globales tras la decisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos de bajar 25 puntos la tasa de interés. Aunque la medida estaba dentro de lo esperado, la advertencia del presidente de la entidad, Jerome Powell, sobre una posible actitud “más cautelosa” en 2025, generó malestar entre los inversores.
Esta reacción tiene efectos colaterales para Argentina: la soja, principal producto de exportación del país y fuente indispensable de divisas, sufrió un impacto con una baja del 2,6% y un retroceso acumulado del 7% en la semana. La tonelada cerró ayer en USD 349, alcanzando su valor más bajo desde septiembre de 2006, según el economista de Romano Group, Salvador Vitelli.
“Soja en el piso y real en el techo” fue la breve síntesis del economista Amílcar Collante, quien definió la situación como una “doble Nelson” para Argentina.
No es una buena noticia para la economía argentina, especialmente en el contexto del ensanchamiento de la brecha cambiaria de los últimos días. La virtual desaparición de esta brecha a principios de mes había compensado en parte el atraso cambiario para los exportadores. Sin embargo, con la caída del precio del grano, esa ecuación se complica y el nivel de las retenciones vuelve a estar en el centro del debate. La combinación de un dólar alto y un precio bajo se convierte en una situación letal para el sector.
El panorama se complicó aún más ayer. En medio del nerviosismo generalizado en todas las plazas del mundo, los capitales continuaron huyendo de Brasil, donde el dólar llegó a cotizar a 6,30 reales, un nuevo máximo. “Soja en el piso y real en el techo” fue la síntesis del economista Amílcar Collante, quien definió la situación como una “doble Nelson” para Argentina.
Mientras el Gobierno promete eliminar las retenciones al campo en 2025 (si se mantiene el superávit fiscal), el equipo económico minimiza, por ahora, las complicaciones mayores por el impacto de la devaluación brasileña. “Es una situación puntual, no afecta el enfoque de política cambiaria”, aseguraron.
Sin embargo, a medida que la moneda brasileña no se estabiliza, la inquietud en la industria crece. Esto se debe a que las importaciones del país vecino se abaratan notablemente con el aumento del dólar en Brasil, que acumula un 30% de aumento en el año, a pesar de la intervención del Banco Central brasileño en los últimos días para moderar la escalada, en un contexto donde el dólar oficial es considerado “atrasado” por los empresarios del sector.
Brasil es el principal destino de las exportaciones argentinas, y la devaluación del real encarece estas exportaciones. Sin embargo, esta no es la mayor amenaza para la economía argentina.
El principal riesgo que se desprende de la crisis fiscal y de confianza en Brasil es que su economía entre en recesión, lo que apagaría uno de los grandes motores de crecimiento para la economía argentina, que se espera se recupere de manera contundente el próximo año.
La contrapartida, sin embargo, podría verificarse en el mercado financiero. Argentina podría escapar a la tensión que enfrentan otros países emergentes de la región y eventualmente atraer el flujo de capitales que salen de esas economías, especialmente de Brasil, que buscan rendimientos atractivos.
Enlace a la noticia 👉 Infobae
