jueves 15 octubre 2026

 

economía

El presidente Javier Milei repite con convicción que la clave de su gestión es mantenerse en el rumbo. “Si seguimos haciendo las cosas bien, tarde o temprano las cosas van a empezar a funcionar bien”, afirma el mandatario con frecuencia, al tiempo que agrega que ese rumbo “no es negociable”. Sin embargo, los datos más recientes de la actividad económica ponen en tensión ese discurso y abren interrogantes sobre la sustentabilidad del programa oficial de cara a las elecciones de 2027.

Una actividad que pierde velocidad

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundió que el Estimador Mensual de la Actividad Económica registró una caída mensual de 2,9% en julio de 2026, la disminución más pronunciada desde la pandemia. El retroceso fue explicado principalmente por la industria manufacturera, que cayó 4,6%, y el comercio, que retrocedió 5,1%. En términos interanuales, la economía acumuló una baja de 1,4%, aunque en los primeros siete meses del año mostró un avance de 1,7%.

Frente a este panorama, distintas consultoras privadas ya recortaron sus proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto para el año completo. Mientras que el Relevamiento de Expectativas de Mercado preveía un avance de 2,1%, varias firmas ajustaron ese número a valores cercanos al 1,8%. Para economistas críticos del gobierno, el problema no es solo la magnitud de la desaceleración, sino lo que esta tendencia implica para el equilibrio fiscal, la piedra angular del plan económico.

El riesgo del circulo vicioso

La caída en el nivel de actividad trae consigo una menor recaudación tributaria. En lo que va del año, los ingresos fiscales disminuyeron casi 4% en términos reales, con el IVA acumulando una baja de 6,7%. Para sostener el superavit, el Palacio de Hacienda se vio obligado a recortar el gasto público en un 7% durante el mes pasado, acumulando una reducción de 2,5% en el año, según la consultora ACM. Este mecanismo encierra el riesgo de un círculo vicioso: menor actividad económica implica menos recaudación, lo que obliga a más ajuste, lo que a su vez profundiza la recesión.

El tejido empresarial bajo presión

El secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, sostuvo ante empresarios que el cierre de empresas forma parte del “costo natural” para que la economía argentina crezca de manera sana. Sin embargo, los números son contundentes. En noviembre de 2023, la Argentina contaba con 512.357 empresas activas. Para mediados de 2026, esa cifra descendió a 481.015, lo que equivale a una reducción de más de 31.000 empresas, es decir, un 6,1% del tejido empresarial total. El resultado neto entre cierres y aperturas arroja aproximadamente 33 empresas menos por día desde que asumió Milei.

Mientras los sectores vinculados a la exportación como pesca, minería y agricultura muestran desempeños positivos, el mercado interno atraviesa una situación muy diferente. La brecha entre una economía exportadora que crece y un mercado doméstico que se contrae es uno de los rasgos más nítidos del presente económico argentino.

Los salarios y la pobreza como termometro social

El deterioro social no pasa desapercibido en las encuestas. La población en situación de pobreza trepó al 32,3% en el primer semestre del año, 4,1 puntos porcentuales por encima de la medición anterior, mientras que la indigencia se ubicó en 7,5%. Aunque se proyecta cierta recuperación del salario real para los meses restantes de 2026, los analistas advierten que, incluso con esa mejora, el poder adquisitivo de los trabajadores cerraría el año por debajo del nivel registrado en 2025.

A esto se suma un dato estructural que preocupa a varios sectores: según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, 7 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 25 años no logran acceder a un empleo regular con pleno ejercicio de derechos. La desconexión entre el esfuerzo individual y la posibilidad de mejorar las condiciones de vida genera una fractura de expectativas difícil de revertir en el corto plazo.

El escenario político y el papel de los mercados

La economía no solo condiciona el bienestar cotidiano de la población, sino también el tablero electoral de cara a 2027. Los mercados financieros interpretan que el resultado de esos comicios definirá si el rumbo económico se mantiene o si experimenta un giro de 180 grados. Esa lectura fue registrada incluso en Nueva York, donde inversores y analistas siguen de cerca la evolución política argentina.

El escenario competitivo más probable enfrenta a Milei con Axel Kicillof. Las encuestas muestran que una parte significativa del electorado considera que el kirchnerismo tampoco demostró, en casi dos décadas, ser una alternativa capaz de mejorar la situación. No obstante, ese capital político del oficialismo puede erosionarse si la percepción de deterioro económico se consolida y las expectativas de mejora no se materializan antes del ciclo electoral.

La apuesta del oficialismo

El gobierno apuesta a que el crecimiento, aunque moderado, termine siendo percibido como un avance real por la ciudadanía. El problema es que, aun creciendo al 2% anual, la mayoría de los argentinos no sentiría una mejora sustancial en su vida cotidiana. Las expectativas son el combustible que puede sostener el apoyo popular incluso en tiempos difíciles, pero también son frágiles. Cuando se quiebra el pacto silencioso entre un gobierno y su electorado, la recuperación de la confianza suele ser lenta y costosa.

En ese sentido, analistas políticos señalan que Milei no promete un mundo mejor de manera concreta, sino que garantiza no abandonar el rumbo. Esa estrategia puede resultar suficiente para un sector del electorado, pero insuficiente para otro que espera señales tangibles de mejora en su economía personal y familiar.

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