jueves 15 octubre 2026

 

actividad económica

El INDEC publicó este jueves los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondientes a julio de 2026, y los números no dejaron margen para el optimismo. La actividad económica retrocedió un 2,9% en términos mensuales, marcando la peor performance desde los meses de marzo y abril de 2020, cuando la primera cuarentena obligatoria paralizó buena parte del aparato productivo del país. Si se excluyen esos meses atípicos vinculados a la pandemia de Covid-19, la contracción resulta ser la más pronunciada desde septiembre de 2019, en el tramo final del gobierno de Mauricio Macri.

El dato superó negativamente las expectativas de analistas y consultoras, consolidando una tendencia preocupante que ya venían anticipando los indicadores sectoriales previos. Las caídas registradas en la industria manufacturera, con un desplome mensual del 5%, y en la construcción, con un retroceso del 4,6%, se trasladaron con toda su fuerza al índice general, confirmando que el deterioro es amplio y transversal.

Un dato que encendió las alarmas en el mercado

Desde la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia calificaron el resultado de julio como el cuarto mayor retroceso mensual de la serie histórica 2004-2026, excluyendo el período pandémico, y lo describieron como “solo comparable a devaluaciones y la crisis internacional de 2008”. Una caracterización que, lejos de tranquilizar, refuerza la magnitud del problema que enfrenta la economía argentina en el tercer trimestre del año.

El analista financiero Andrés Reschini señaló que el comercio, uno de los sectores con mayor peso en el EMAE junto a la industria, es el rubro más golpeado entre los de mayor sensibilidad social desde diciembre del año pasado. Este dato no es menor: el comercio actúa como un termómetro directo del consumo privado y del poder adquisitivo de los hogares.

Las causas detrás del desplome

El economista Gonzalo Carrera, de la consultora Equilibra, describió el resultado como “peor a lo esperado” y distinguió dos tipos de factores. Por un lado, una causa más estructural y tendencial: el magro desempeño de las actividades no primarias, afectadas por la combinación de un tipo de cambio apreciado, salarios reales que no logran recuperarse y un crédito que tampoco termina de reactivarse. Por otro lado, factores coyunturales que pudieron haber sumado presión a la baja, como el impacto del Mundial de fútbol sobre las horas trabajadas en algunos sectores.

El ministro de Economía, Luis Caputo, buscó minimizar el impacto del dato oficial apelando precisamente a esos elementos transitorios. En sus redes sociales, el funcionario mencionó la menor disponibilidad de gas para la industria manufacturera, las mayores lluvias y nevadas respecto de los promedios históricos, y la reducción de horas trabajadas asociada al torneo internacional de fútbol. Sin embargo, los propios economistas consultados reconocieron que estos factores explican solo una parte menor del retroceso.

Una economía sin motor propio más allá de los sectores primarios

Justina Gedikian, analista de renta fija en Cohen Aliados Financieros, ofreció una lectura estructural del problema. Señaló que en lo que va del año la actividad económica cayó en cuatro de los siete meses transcurridos, lo que refuerza un diagnóstico claro: la economía no tiene motor propio más allá de los sectores primarios, y estos tampoco alcanzaron para sostenerla en julio. Con los sectores más intensivos en empleo cada vez más rezagados, el margen para mejorar el ánimo social se achica justo cuando comienza a asomarse el calendario electoral de 2027.

Federico Machado, economista de OPEN, explicó por qué la bonanza externa no logra derramarse sobre el resto de la economía. Según su análisis, el superávit externo fue destinado a fortalecer las reservas del Banco Central, mientras que los pesos emitidos no son demandados por el sector privado dado que la inversión se encuentra en caída. El resultado es una economía con un claro déficit de demanda doméstica, donde el consumo, el gasto y la inversión no logran compensarse entre sí. Las vías de salida que identifica son el crecimiento del salario real, la expansión del crédito o una mayor flexibilidad fiscal.

Los sectores que más incidieron en la caída interanual

En términos interanuales, la actividad económica registró una contracción del 1,4%. Los sectores que más aportaron a esa caída fueron la industria manufacturera con un retroceso del 4,6%, el comercio con una baja del 5,1% y la intermediación financiera con una merma del 3%. En el extremo opuesto, la pesca y el sector de hidrocarburos y minería operaron como atenuantes, aunque resultan insuficientes para compensar la debilidad del resto del entramado productivo.

El riesgo concreto de una recesión técnica en el tercer trimestre

El panorama hacia adelante no despeja las dudas. A partir del pésimo dato de julio, la serie desestacionalizada del EMAE retrocedió a mínimos no vistos desde marzo de 2025, lo que pone en riesgo la performance del tercer trimestre completo. Dado que el segundo trimestre ya había cerrado con una baja de 0,6% trimestral desestacionalizada, los analistas advierten que evitar la recesión técnica, definida como dos caídas trimestrales consecutivas, se vuelve cada vez más difícil.

Desde la consultora LCG calcularon que, para esquivar ese escenario, la economía debería crecer a tasas del 3% mensual en agosto y septiembre, algo que los propios analistas consideran poco probable dado el contexto actual. Carrera fue contundente al respecto: incluso si agosto recupera todo lo perdido en julio y septiembre crece por debajo del 2%, la recesión técnica no podría evitarse.

El debate ahora se centra en qué motor puede encender la recuperación en los meses venideros. Las respuestas, por el momento, no aparecen con claridad en el horizonte. La actividad económica argentina atraviesa uno de sus momentos más complejos fuera del contexto pandémico, y los datos de julio confirman que el camino hacia la estabilización es más largo y tortuoso de lo que muchos esperaban.

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