Un evento climático de proporciones históricas se cierne sobre América Latina y el Caribe. El fenómeno conocido como Súper Niño, caracterizado por anomalías excepcionales en la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial que pueden superar los 2,25 grados centígrados, amenaza con desencadenar una crisis económica, social y alimentaria sin precedentes en la región. Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y organismos de las Naciones Unidas, sus consecuencias podrían restar al menos un 2% del PIB regional en un plazo de tres años y empujar a casi 5 millones de personas a la pobreza antes de 2030.
Un impacto económico y social de magnitud regional
Las proyecciones de la Cepal indican que el Súper Niño provocaría una pérdida acumulada de al menos el 2% del Producto Interno Bruto de América Latina y el Caribe en un horizonte de tres años, con una caída del 1% de la actividad económica solo durante el primer año del fenómeno. A esto se suma el agravamiento de la pobreza: se estima que 4,8 millones de personas adicionales podrían caer en esa condición antes de 2030, golpeando con especial dureza a los sectores más vulnerables de la población.
El secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, advirtió que la clave para atenuar el impacto reside en la anticipación. El fenómeno alcanzaría su punto de mayor agudización en el último trimestre de 2026, y actuar antes de que se declare la emergencia resulta considerablemente menos costoso que hacerlo a posteriori. “Es imperativo pasar de una respuesta posterior a las pérdidas a una gestión anticipatoria del riesgo climático”, sostuvo el funcionario.
Efectos dispares según la subregion
El Niño no actúa de manera uniforme sobre el territorio latinoamericano. Mientras Ecuador y Perú enfrentarán lluvias extremas e inundaciones asociadas a alzas de hasta 8 grados centígrados en la temperatura del mar, Colombia, Venezuela y Brasil padecerán sequías severas, olas de calor e incendios. En el Cono Sur, el sur de Brasil, el norte de Argentina, Uruguay y el centro de Chile esperan un incremento de las precipitaciones, lo que eleva el riesgo de inundaciones fluviales.
En términos de impacto económico, Ecuador y Perú serán los países más castigados, con recortes proyectados del 4,1% en su PBI. Chile y Costa Rica, en cambio, registrarían caídas más moderadas, del 0,5% y el 0,4% respectivamente. Curiosamente, regiones como el norte argentino y Uruguay podrían registrar precipitaciones por encima del promedio, lo que fortalecería sus cultivos y abriría oportunidades comerciales para abastecer a mercados afectados por el déficit productivo.
El sector energetico, uno de los mas vulnerables
La dependencia de varios países latinoamericanos de la generación hidroeléctrica, que en algunos casos equivale hasta al 70% de la matriz eléctrica, convierte al sector energético en uno de los más expuestos ante este fenómeno. Los antecedentes son elocuentes: a fines de 2024, Ecuador sufrió apagones de hasta 12 horas diarias, mientras Colombia registró fuertes incrementos en las tarifas eléctricas.
La infraestructura energética regional enfrenta además un doble desafío estructural: absorber un consumo que creció un 75% en los últimos 20 años, con la mitad de las centrales hidroeléctricas superando los 30 años de antigüedad. Ante las olas de calor, los incendios forestales y la alteración de los regímenes de vientos que trae consigo el fenómeno, este parque envejecido resulta especialmente frágil.
Pesca, agricultura y seguridad alimentaria en riesgo
El Pacifico sudoriental y las perdidas en la pesca
La Cepal identifica al Pacífico sudoriental como una de las zonas pesqueras más vulnerables del planeta ante eventos extremos de El Niño, debido a su alta dependencia de especies sensibles a los cambios de temperatura y disponibilidad de nutrientes. El episodio de 1997/1998 sirve como referencia: las capturas cayeron un 26,9%, con cuantiosas pérdidas económicas para Perú, Chile y Ecuador. Los pronósticos para el ciclo actual anticipan un escenario igualmente severo.
La amenaza sobre la agricultura y el precio de los alimentos
El sector agrícola tampoco escapará a los efectos del Súper Niño. Las sequías afectarán cultivos, pastizales y disponibilidad de agua en múltiples subregiones, con repercusiones directas sobre los ingresos rurales, la producción ganadera y la seguridad alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte sobre un elevado peligro de déficit de lluvias en Centroamérica y el Caribe, con más del 70% de probabilidades de afectación en amplias áreas agrícolas. Países como Cuba, República Dominicana y Haití se encuentran entre los más expuestos.
El impacto no se limita a la región latinoamericana. Las señales climáticas apuntan a que el fenómeno podría provocar una grave sequía en el Sudeste Asiático, uno de los puntos más vulnerables del planeta, amenazando la seguridad alimentaria global. Las consecuencias combinadas de sequías, olas de calor e inundaciones en regiones clave de Sudamérica, Africa y Asia podrían disparar el precio de los alimentos a escala mundial, profundizando la crisis que ya afecta a millones de personas en situación de vulnerabilidad.
La urgencia de una respuesta anticipatoria
Frente a este escenario, la Cepal enfatiza que las medidas preventivas resultan considerablemente más eficientes y menos costosas que las respuestas de emergencia. La ventana de tiempo para actuar antes de que el Súper Niño alcance su pico de intensidad es estrecha, y requiere de una coordinación regional sólida entre gobiernos, organismos internacionales y sectores productivos. La gestión anticipatoria del riesgo climático no es una opción: es, según los expertos, una necesidad impostergable para reducir el sufrimiento humano y proteger las economías de la región.
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