jueves 15 octubre 2026

 

crecimiento económico

Martín Rossi, exsecretario de Desregulación durante la gestión del presidente Javier Milei, lanzó una advertencia que merece atención: el país lleva tres años ordenando las variables macroeconómicas, pero el crecimiento económico no va a llegar por sí solo. La afirmación del economista, doctor por la Universidad de Oxford y exvicerrector de la Universidad de San Andrés, resume una tensión que atraviesa el debate económico argentino con creciente intensidad.

Rossi ocupó la Secretaría de Desregulación entre agosto de 2024 y septiembre de 2025, dentro del equipo del ministro Federico Sturzenegger. Desde su salida de la función pública, retomó su rol académico y mantiene una mirada crítica pero matizada sobre el programa económico del Gobierno, al que divide en tres columnas: la fiscal, la aperturista y la desregulatoria. Celebra la primera y la tercera, aunque reconoce diferencias con la segunda.

Un diagnóstico que incomoda: ordenar no alcanza

La lección que dejaron los gobiernos anteriores

El punto de partida del análisis de Rossi es directo: el orden macroeconómico es una condición necesaria para el crecimiento económico, pero en ningún caso es suficiente. El economista recuerda que esta hipótesis ya fue puesta a prueba durante la gestión de Mauricio Macri, cuando se sostuvo que estabilizar las variables fiscales y monetarias traería de manera casi automática inversiones y expansión. El resultado fue otro.

“Ya aprendimos que no funciona así. No es que ordenás y tenés crecimiento endógeno”, señala Rossi, y aclara que este razonamiento no es exclusivo del macrismo: también está presente en la retórica actual del Gobierno de Milei. La idea de que la baja de la inflación genera por sí sola un impulso de crecimiento económico sostenido choca, según él, con la evidencia histórica reciente.

Los sectores que empujan y los que quedan afuera

Cuando se le pregunta de dónde puede venir el impulso económico bajo las actuales restricciones fiscales y monetarias, Rossi reconoce la complejidad del problema. Identifica como motores principales al sector energético, la minería y, en menor medida, un posible rebote del agro. Sin embargo, advierte que ninguno de estos sectores es intensivo en mano de obra, lo que limita su capacidad de tracción sobre el empleo y los salarios.

En ese contexto, el especialista pone el foco en la cuestión distributiva. “Hay que poner el foco en lo distributivo para que el crecimiento de esos sectores no sea socialmente costoso”, afirma, en referencia al petróleo y la minería. Para Rossi, ignorar esa dimensión puede volver políticamente inviable cualquier proceso de expansión, por más que los números macroeconómicos acompanen.

La caída del PBI y el debate sobre el Presupuesto 2027

Un dato que no puede ignorarse

El trasfondo de estas declaraciones es concreto: el Producto Bruto Interno registró una caída de 0,6% en el segundo trimestre de 2026 respecto del período anterior. Para Rossi, ese dato refuerza su argumento central: el ordenamiento fiscal y la reducción de la inflación son logros reales, pero no garantizan por sí solos una trayectoria ascendente de crecimiento económico.

El exfuncionario no descarta que haya un rebote en los salarios reales, que el Gobierno proyecta en torno al 3,6% para el año siguiente. De hecho, señala que cuando los salarios se atrasaron de manera prolongada, como ocurrió en el sector público durante su propio paso por el Gobierno, el rebote posterior puede ser significativo. Pero advierte que en la industria el panorama es más difícil, dado que ese sector no está atravesando un buen momento.

El Presupuesto optimista y la disciplina fiscal como señal

Respecto del proyecto de Presupuesto 2027, Rossi considera que el Gobierno eligió un escenario optimista, lo cual no le parece incorrecto en sí mismo. Sin embargo, es enfático en que la señal fiscal debe mantenerse con independencia del ciclo electoral. Basado en sus interacciones con el Presidente, sostiene que Milei no está dispuesto a soltar el gasto, y que esa coherencia es valiosa tanto para el mercado como para la credibilidad institucional de largo plazo.

“La señal que deberíamos dar por muchos años es la fiscal. El país la necesita, y va a ser muy fuerte cuando la dé alguien que no sea Milei”, reflexiona, apuntando a una perspectiva que va mas alla de la gestión actual.

Desregulación, corrupción y agenda distributiva

El costo político de desregular

Rossi también habló de su experiencia concreta en la función pública. Definió la tarea de desregulación como costosa y compleja, porque detrás de muchas regulaciones se esconde, según sus palabras, “un señor con poder discrecional para ser corrupto”. Eliminar esas normas implica enfrentar resistencias concretas de actores que se benefician del statu quo.

El exfuncionario comparte la orientación general del programa desregulatorio, aunque sostiene matices en cuanto a la velocidad y el alcance de la apertura comercial. En su visión, no todas las regulaciones son igualmente prescindibles, y la selectividad en ese proceso puede marcar la diferencia entre una reforma eficiente y una que genere costos sociales innecesarios.

El problema distributivo como deuda pendiente

Quizas el punto mas incómodo del análisis de Rossi sea el que apunta directamente a la agenda política: “El problema distributivo lo vas a tener que poner en la agenda política”. Para el economista, un proceso de crecimiento económico concentrado en sectores de alta renta y baja intensidad laboral puede ser macroeconómicamente virtuoso pero socialmente insostenible si no viene acompanado de mecanismos que distribuyan sus beneficios.

Esta advertencia, formulada por alguien que formó parte del equipo de Gobierno, no es menor. Rossi no cuestiona la dirección del programa, pero insiste en que el crecimiento económico genuino y sostenido requiere algo más que equilibrio fiscal y baja inflación. Requiere una estrategia activa que contemple quiénes ganan y quiénes quedan afuera en cada etapa del proceso.

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