viernes 18 septiembre 2026

 

BCRA

El director de MacroView, Pablo Goldin, es categórico en su diagnóstico sobre la situación económica argentina: el programa del Gobierno tiene logros reconocibles, pero arrastra una falla estructural desde su origen. La reactivación, elemento que considera indispensable para la sostenibilidad de cualquier esquema económico exitoso en el país, brilla por su ausencia. Y el responsable, según el analista, es el BCRA, que percibe el problema pero no logra encontrar una salida.

Un programa con virtudes pero con una falla central

Goldin reconoce los avances del esquema oficial. La relativa estabilidad cambiaria, el equilibrio fiscal, el financiamiento de la deuda pública en términos manejables y la desaceleración de la inflación son logros que el analista no pone en duda. Sin embargo, advierte que ninguno de esos pilares alcanza si la economía no crece a un ritmo suficiente para la realidad argentina.

“Este programa tiene algunas virtudes, pero le queda una falla: reactivó poco. Y no es que reactivó poco este año; desde que nació reactivó poco”, señala Goldin con contundencia. En ese marco, proyecta que el crecimiento del PBI para 2026 no llegará al 2%, una cifra que considera insuficiente para un país que acumula más de quince años de estancamiento y con un producto per cápita aún un 10% por debajo de los niveles de 2011.

Para el director de MacroView, que integra la consultora junto a Carlos Melconian y Rodolfo Santangelo, el acumulado de los tres primeros años de gestión apenas llegaría a un 5% de crecimiento, con 2024 en terreno negativo y 2025 y 2026 con resultados positivos pero magros.

La trampa monetaria que frena la recuperacion

El nudo del problema, en palabras de Goldin, es monetario. Hoy circulan en la economía argentina aproximadamente 180 billones de pesos, entre circulante y depósitos bancarios. Sin embargo, el promedio de los últimos veinte años se ubica entre 220 y 230 billones de pesos. La diferencia es aún mayor si se compara con momentos históricos de reactivación sostenida: “Hay más o menos 50 billones de pesos menos, a moneda constante, que los que había en otros momentos de reactivación”, calcula el analista.

Esta escasez de pesos se produce a pesar de que el BCRA compró alrededor de 14.000 millones de dólares en el año y emitió aproximadamente 20 billones de pesos. El problema es que casi la totalidad de esa emisión fue reabsorbida por los mecanismos del propio esquema monetario, dejando apenas 5 billones de pesos disponibles en la economía real. El resultado es una autoridad monetaria que, según Goldin, está entrampada: “ve el problema, pero no encuentra la salida”.

La economia partida en dos: dolares para pocos, pesos para la mayoria

Una de las consecuencias más concretas de esta situación es la fractura que se observa en el tejido económico. Goldin describe una economía dividida en dos mundos: por un lado, el 15% o 20% que opera en dólares, que incluye a los sectores exportadores netos, empresas que se endeudan en moneda extranjera y emiten obligaciones negociables. Estos sectores funcionan bien porque hay dólares. Las exportaciones proyectan superar los 100.000 millones de dólares anuales, los depósitos en moneda extranjera están en niveles elevados y el crédito en dólares muestra dinamismo.

Por otro lado, el 80% restante de la economía depende del mercado interno y opera en pesos. Comercio, construcción, industria y servicios son los sectores más afectados por la escasez de circulante. Y en ese segmento, la recuperación sigue siendo insuficiente.

Por que los creditos hipotecarios y las medidas puntuales no alcanzan

Ante este panorama, surgen propuestas como la expansión del crédito hipotecario o inyecciones puntuales de liquidez. Goldin descarta que estas medidas puedan resolver el problema de fondo. “Ninguna cosa muy puntual y esporádica reemplaza a un banco central que remonetice”, sostiene con claridad.

El analista recuerda que en los momentos de mayor reactivación económica que vivió la Argentina, como durante la convertibilidad menemista o los primeros años del kirchnerismo entre 2003 y 2008, el BCRA tuvo la posibilidad de emitir pesos sin que eso generara inflación ni presión sobre el tipo de cambio. Esa “magia”, como la llama Goldin, se produce cuando un programa es exitoso, genera confianza, baja la inflación y estabiliza el tipo de cambio. Solo en ese contexto la autoridad monetaria puede expandir la oferta de dinero sin consecuencias negativas. Y ese contexto, hoy, no existe.

El dilema de la sustentabilidad a largo plazo

Para Goldin, el riesgo no es solo económico sino también político y social. Un programa que no logra reactivar con fuerza en un país con más de una década de estancamiento resulta difícil de sostener en el tiempo. “Si este programa queda así, medio huérfano de reactivación, es difícil imaginarlo sustentable”, afirma.

La comparación con otros ciclos es ilustrativa. En economías que crecieron de manera sostenida durante años, un par de ejercicios con bajas tasas de expansión resultan tolerables. En Argentina, donde el punto de partida ya era bajo, prometer un crecimiento del 2% anual “queda chico, queda muy amarrete”, en palabras del propio analista.

El diagnóstico de MacroView no implica que el programa fracase necesariamente, pero sí que enfrenta un desafío estructural que requiere una solución que aún no aparece. Mientras tanto, la economía sigue partida, con un sector dolarizado que avanza y una mayoría atada al mercado interno que espera una remonetización que el esquema actual no permite concretar.

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