Los datos publicados por Eurostat el 31 de julio confirmaron lo que muchos analistas venían anticipando: la inflación zona euro repuntó en julio hasta el 2,9%, un escalón por encima del 2,8% registrado en junio. El resultado coincidió con las expectativas del mercado, aunque no por ello generó menos inquietud entre los responsables de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE). El factor que más peso tuvo en este avance fue la escalada en los precios del petróleo, alimentada por las tensiones bélicas en Medio Oriente, que amenaza con trasladarse de manera sostenida al conjunto de la economía.
Un dato que refuerza el escenario de suba de tasas
Desde hace semanas, el BCE viene dejando señales claras de que una nueva suba de tasas de interés está sobre la mesa. La aceleración de la inflación zona euro en julio no hace más que reforzar esos argumentos. Los miembros del Consejo de Gobierno del BCE habían trazado un escenario de referencia que contemplaba una subida de tasas para el 10 de septiembre, y los datos más recientes no hacen más que avalar esa hoja de ruta.
Sin embargo, los analistas advierten que las cifras de julio difícilmente resulten determinantes por sí solas. El BCE dispondrá de una nueva lectura de inflación correspondiente al mes de agosto antes de su próxima reunión formal sobre tasas de interés. Además, los precios del petróleo han mostrado una volatilidad extrema en las últimas semanas, lo que introduce un margen de incertidumbre adicional en cualquier proyección.
La inflación subyacente, el indicador que más preocupa
Más allá del índice general, la cifra que genera mayor atención entre los economistas es la inflación subyacente, aquella que excluye los precios volátiles de los alimentos frescos y la energía. En julio, este indicador se aceleró hasta el 2,5%, frente al 2,4% de junio. Por su parte, la inflación en el sector de servicios subió al 3,3%, una señal de que las presiones de precios se están extendiendo más allá de los componentes energéticos.
Este comportamiento de la inflación subyacente es precisamente lo que más preocupa al BCE, ya que sugiere que el alza de precios está comenzando a filtrarse en la fijación general de salarios y en los márgenes de las empresas de servicios, dos factores que tienden a perpetuar la inflación en el tiempo si no son atendidos a tiempo con una política monetaria más restrictiva.
Crecimiento económico: una sorpresa que despeja temores
Una de las principales objeciones a una nueva suba de tasas era el riesgo de frenar el crecimiento económico en los 21 países que comparten el euro. No obstante, los datos del segundo trimestre disiparon en parte esa preocupación: la economía de la zona euro creció un 0,4% en el período, el doble de lo que se esperaba, desmintiendo las proyecciones más pesimistas.
Este resultado le otorga al BCE un margen de maniobra mayor para actuar sobre las tasas sin comprometer de forma significativa la actividad económica. Si la economía puede sostener un ritmo de expansión razonable incluso en un contexto de tasas al alza, el costo de endurecer la política monetaria para contener la inflación zona euro se vuelve políticamente más aceptable y técnicamente más justificado.
Qué descuentan los mercados financieros
Los mercados financieros no esperan que el BCE se detenga en una sola subida. Las posiciones actuales en los mercados de tasas ya descuentan de manera plena al menos dos movimientos al alza: uno en octubre y otro en abril del año siguiente. Esta expectativa refleja la convicción de que el BCE deberá actuar de forma sostenida para ancllar las expectativas de inflación y evitar un desanclaje que complique aún más la gestión de la política monetaria en la región.
En ese contexto, el dato de julio sobre la inflación zona euro no es un punto de inflexión aislado, sino un eslabón más en una cadena de lecturas que apuntan en la misma dirección: los precios siguen siendo más persistentes de lo deseado, y el BCE tiene tanto los argumentos como el espacio económico necesario para continuar con su ciclo de ajuste monetario.
Perspectivas para los proximos meses
El panorama de corto plazo estara condicionado por la evolucion del conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre los precios del petroleo. Si las tensiones geopoliticas se intensifican, el componente energetico podria volver a empujar el indice general hacia arriba, complicando aun mas la tarea del BCE. En cambio, una desescalada del conflicto podria aliviar parte de la presion y abrir la puerta a una pausa en el ciclo de subas.
Lo que parece claro, a la luz de los datos disponibles, es que la inflacion zona euro seguira siendo el eje central del debate de politica monetaria en Europa durante los proximos trimestres. El BCE tiene por delante una tarea delicada: controlar la inflacion sin ahogar el crecimiento, en un entorno global marcado por la incertidumbre geopolitica y la volatilidad de los mercados de commodities.
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