
América del Sur no se distingue por su tamaño, su población ni por un producto bruto interno bajo en comparación con otras regiones del mundo. Se distingue por algo mucho más concreto y preocupante: no está conectada. Y lo que es peor, ha perdido parte de la conectividad que alguna vez supo tener. Esta no es una conclusión académica ni una metáfora política. Es una descripción literal del estado de su infraestructura de transporte en la región internacionalmente más pacífica del planeta, una región que reúne todos los recursos sociales y naturales necesarios para avanzar hacia un desarrollo económico genuino y equitativo.
Así lo señalan Federico Weinhold, Daniel Campana, Claudio García y Jorge de Mendonça, socios de AIMAS, en un análisis publicado recientemente en la Revista Énfasis Logística. Su texto se concentra en la franja territorial bioceánica comprendida entre Puerto Caldera y Porto Alegre, y constituye un llamado urgente a la concreción de todos los corredores internacionales de la región.
Una historia de desconexión que no fue accidental
Hace un siglo, América del Sur construyó algunos de los ferrocarriles internacionales más ambiciosos y desafiantes de su época. Sin embargo, al observar el panorama actual desde una perspectiva regional, el contraste resulta devastador. La desconexión no fue el resultado inevitable del paso del tiempo ni de limitaciones tecnológicas: fue, en gran medida, una decisión.
Argentina es el caso más elocuente. El país que alguna vez tuvo la mayor red ferroviaria de América Latina cortó de manera efectiva un corredor bioceánico que perjudicó a todos sus vecinos. De los siete corredores ferroviarios internacionales que la conectaban con los países limítrofes, hoy solo uno mantiene actividad parcial: el corredor Salta-Antofagasta. Los otros seis están abandonados. El dato más contundente es el siguiente: el 84,3% de las vías ferroviarias anuladas en el Cono Sur corresponde a la Argentina. Un solo país explica casi la totalidad de la destrucción de conectividad ferroviaria regional.
Esa destrucción no afectó únicamente al territorio argentino. Sus consecuencias se extendieron sobre Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile y Paraguay, debilitando al conjunto de la región como sistema integrado de transporte y comercio.
Un problema compartido por toda la región
La responsabilidad es colectiva
Sería un error reducir el diagnóstico exclusivamente a la Argentina. La región, en su conjunto, es responsable de su propia desconexión. Iquique nunca concretó el enlace ferroviario hacia Uyuni, una obra que habría beneficiado a tres países de manera simultánea. Argentina no completó su parte del Trasandino del Sur y, del lado chileno, se desmanteló lo que ya estaba construido. El puente de Uruguayana-Paso de los Libres se encuentra en pésimas condiciones viales y su tramo ferroviario permanece abandonado. El sur de Brasil tiene su red prácticamente desconectada de Uruguay, de Argentina e incluso de otras zonas del propio Brasil. Paraguay, por su parte, conserva apenas 2 de los 450 kilómetros de vías que alguna vez tuvo.
El símbolo más claro de la oportunidad perdida
El caso más representativo es el del único corredor bioceánico ferroviario de América del Sur que tuvo operación histórica continua: la vía de trocha métrica que une Santos, Corumbá, La Paz, Salvador Mazza, Salta, Socompa y Antofagasta, inaugurada en 1970. Hoy ese corredor está cortado y abandonado en varios tramos. Hace casi veinte años, un tramo de 80 kilómetros quedó pendiente de una obra financiada por la CAF, lista para ejecutarse en 2015. En 2018, los fondos fueron redirigidos para construir un viaducto urbano en Buenos Aires. Ningún país de la región presentó un reclamo formal ante esa decisión.
Este episodio ilustra con precisión el problema estructural: la región no solo no construye lo que necesita, sino que tampoco defiende lo que ya tiene.
Corredores bioceánicos como herramienta de integración real
El debate en torno a los corredores bioceánicos no es nuevo, pero su urgencia no ha disminuido. Al contrario, en un contexto global donde las cadenas de suministro se reorganizan y los bloques regionales buscan mayor autonomía logística, la falta de conexión interoceánica en el Cono Sur representa una desventaja competitiva de primer orden.
Los autores del análisis sostienen que América del Sur contiene todos los insumos necesarios para avanzar: recursos naturales, estabilidad geopolítica y una geografía que, bien aprovechada, podría transformarse en una ventaja estratégica. La concreción de los corredores bioceánicos no es un proyecto de infraestructura más: es la condición mínima para que la región pueda funcionar como un sistema económico integrado y no como un conjunto de territorios aislados.
La pregunta que el análisis deja planteada es incómoda pero necesaria: si la región tiene los recursos, la historia ferroviaria y los diagnósticos técnicos, lo que falta es voluntad política colectiva. Y esa voluntad, hasta ahora, ha brillado por su ausencia.
Enlace a la noticia: Ver fuente