lunes 20 julio 2026

Expo alfalfa

La exportación de alfalfa en Argentina 2026 ha registrado un notable aumento del 92% en comparación con el año anterior. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, entre enero y marzo de 2025 se enviaron al exterior 48.773 toneladas, mientras que en el mismo periodo de 2026, el volumen alcanzó las 93.974 toneladas, incluyendo productos forrajeros, harina y pellets.

Proyecciones y crecimiento sostenido

Este crecimiento en la exportación de alfalfa en Argentina 2026 sugiere que el sector podría cerrar el año con más de 190.000 toneladas exportadas y divisas que superan los 75 millones de dólares FOB. Esto representa un avance significativo respecto a 2025, cuando se totalizaron 167.311 toneladas, lo que ya había sido un incremento del 28% en comparación con 2024. Este patrón de crecimiento constante durante tres años consecutivos indica una expansión sostenida en la capacidad de exportación del sector forrajero argentino.

Composición del flujo exportable y origen productivo

En 2025, los productos forrajeros representaron la mayor parte del volumen exportado, con 144.328 toneladas, mientras que la harina y pellets de alfalfa sumaron 22.983 toneladas. Esta diversidad en la oferta refleja cómo el sector argentino se adapta a las distintas necesidades de los mercados internacionales, ajustándose a las demandas específicas de los compradores en función de su cadena de producción animal.

La superficie sembrada de alfalfa en Argentina abarca aproximadamente 3 millones de hectáreas, aunque no toda está destinada a la exportación; la mayor parte se utiliza para el consumo interno, especialmente en la alimentación de ganado. La región sur de Córdoba es la más productiva, con alrededor de 600.000 hectáreas cultivadas, aunque la producción también se extiende a otras provincias como Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa, Neuquén, Mendoza y Santiago del Estero.

Destinos y lógica de distribución internacional

Los mercados de destino para la alfalfa argentina se dividen en dos categorías principales. Por un lado, Brasil y otros países limítrofes absorben una parte considerable del flujo, beneficiándose de la proximidad geográfica y menores costos de transporte. Por otro lado, la presencia en Medio Oriente, especialmente en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, demuestra que el sector también se dirige a mercados más exigentes y distantes.

Esta doble estrategia comercial implica que las cadenas de distribución deben adaptarse a diferentes requisitos en términos de tiempos de tránsito, acondicionamiento y costos operativos. El transporte marítimo es el principal medio utilizado para ambos tipos de destinos, con embarques que generalmente salen desde puertos en el litoral fluvial y la zona metropolitana de Buenos Aires. La eficiencia en la gestión portuaria y la disponibilidad de espacio en bodegas son factores cruciales para la competitividad de las exportaciones forrajeras.

Condiciones del cultivo y perspectivas del complejo

La alfalfa se distingue de otros cultivos de exportación por ser una planta perenne, lo que significa que no requiere resiembra anual, reduciendo así los costos de implantación y asegurando la disponibilidad de materia prima a largo plazo. Su raíz profunda y su capacidad para fijar nitrógeno del aire benefician la fertilidad del suelo, lo que es esencial para la planificación de rotaciones y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas donde se cultiva.

El Registro Nacional de Cultivares del INASE cuenta con 476 variedades de alfalfa registradas, lo que demuestra el avance tecnológico en el sector y la disponibilidad de materiales genéticos adaptados a diversas condiciones agroecológicas en el país. Esta variedad es un activo que permite ajustar la producción a las exigencias específicas de calidad y composición nutricional que demandan los compradores internacionales.

Si se mantiene el ritmo de crecimiento observado en los primeros meses de 2026, el complejo forrajero argentino podría cerrar el año con cifras récord en términos de volumen y valor exportado. El desafío radica en mantener la fluidez en la cadena de suministro, desde las áreas de producción hasta los puntos de embarque, así como asegurar la disponibilidad de contenedores y espacio en bodegas en las rutas marítimas hacia los destinos más dinámicos, especialmente en Medio Oriente, donde la demanda de forrajes sigue en aumento.

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