La caída del suministro petrolero y las dificultades para recomponer reservas vuelven a tensionar al sector, con impacto global sobre costos operativos, abastecimiento y planificación logística

La crisis energética global está comenzando a impactar nuevamente en el transporte de cargas por carretera, incluso en un contexto donde los precios internacionales del petróleo han mostrado una leve corrección en la última semana. A pesar de que el barril de Brent ha retrocedido alrededor de un 4% y se ha situado cerca de los 105 dólares, los operadores logísticos y transportistas siguen enfrentando un entorno de alta volatilidad, costos elevados y un aumento en los riesgos de abastecimiento de diésel.
De acuerdo con el último informe del sector, la reducción global de la oferta petrolera sigue profundizándose. La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha informado que la producción mundial cayó otros 1,8 millones de barriles diarios en abril, acumulando pérdidas de 12,8 millones de barriles diarios desde febrero. El principal factor detrás de esta situación es el impacto en Oriente Medio y las restricciones relacionadas con el estrecho de Ormuz, un punto crítico para las cadenas de suministro energéticas a nivel global.
Presión sobre el diésel y dificultades de abastecimiento
En Europa, el precio promedio del diésel ha alcanzado los 1,942 euros por litro, con aumentos registrados en mercados como Bélgica, Finlandia, Hungría, Eslovenia y España. Al mismo tiempo, han comenzado a multiplicarse los problemas de abastecimiento en estaciones de servicio, especialmente en Francia y Hungría.
El caso de Francia se ha convertido en uno de los principales focos de atención para el sector logístico europeo. Más de 440 estaciones de servicio han reportado interrupciones totales en el suministro de diésel durante la última semana, mientras que el consumo de combustibles ha caído un 14% interanual en mayo. Las entregas de diésel también han disminuido más de un 9% en abril, reflejando una combinación de destrucción de demanda, mayores costos y restricciones operativas.
En Hungría, a pesar de la liberación de reservas estratégicas, los operadores independientes han advertido que el reabastecimiento se ha vuelto cada vez más costoso e incierto.
El impacto de esta situación también se extiende más allá de Europa. En Estados Unidos, el diésel ha acumulado un aumento cercano al 46% desde febrero, mientras que en países como Turquía, China y Brasil, los gobiernos han comenzado a intervenir mediante subsidios, restricciones o mecanismos fiscales para intentar contener el costo energético asociado al transporte de cargas.
Reconfiguración logística y nuevos flujos comerciales
Uno de los efectos más significativos para el sector del transporte por carretera es la reconfiguración de los flujos internacionales de diésel y gasoil. Las exportaciones desde Oriente Medio se han reducido casi a la mitad en comparación con 2025, afectando principalmente los envíos hacia Europa y África.
Ante este panorama, las refinerías norteamericanas han incrementado significativamente sus exportaciones para cubrir parte del déficit global. Según la AIE, Estados Unidos aumentó en abril sus exportaciones de diésel y gasóleo en aproximadamente 430,000 barriles diarios respecto a los niveles de 2025, redirigiendo gran parte de esos volúmenes hacia Europa, África y Asia.
Para los operadores logísticos, esto representa un escenario mucho más complejo en términos de planificación y previsibilidad. Las compañías de transporte deben gestionar costos energéticos fluctuantes, mayores tiempos de aprovisionamiento y una creciente dependencia de decisiones fiscales y subsidios estatales. En Italia, por ejemplo, el Gobierno está considerando extender reducciones impositivas sobre el diésel y lanzar nuevos esquemas de compensación para el sector del transporte.
Un escenario todavía inestable para el transporte
A pesar de la reciente caída del Brent, el sector sigue operando en un contexto de fuerte incertidumbre. La AIE ha advertido que las reservas de la OPEP+ están prácticamente agotadas y que el estrecho de Ormuz sigue funcionando con severas limitaciones.
Además, se suma la preocupación macroeconómica en Europa. La Comisión Europea ha reducido su previsión de crecimiento para la eurozona en 2026 y ha elevado su proyección de inflación, reconociendo el impacto que la crisis energética está comenzando a generar sobre la actividad económica y el consumo.
En este contexto, el transporte de cargas por carretera se encuentra especialmente expuesto a los movimientos del mercado energético. La combinación de precios elevados, abastecimiento ajustado y volatilidad internacional vuelve a colocar al combustible como uno de los principales factores de presión para la operación logística global.
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