jueves 16 abril 2026

Impacto positivo de las precipitaciones en la producción agrícola

Las lluvias registradas durante febrero reconfiguraron el escenario productivo en Córdoba

Las lluvias de febrero han transformado el panorama agrícola en Córdoba, que había comenzado el año con un severo estrés hídrico y térmico. Según un informe de la Bolsa de Cereales de la provincia, estas precipitaciones llegaron en un momento crucial para la mayoría de los cultivos estivales, permitiendo una mejora en los rindes esperados.

El maíz y el sorgo fueron los cultivos que más se beneficiaron, mostrando una notable recuperación, mientras que el girasol no pudo aprovechar esta mejora debido a que gran parte de su cosecha ya se encontraba avanzada. En la nueva estimación de producción, se han registrado incrementos en los rendimientos proyectados para casi todos los cultivos, excepto para el girasol, cuyo rendimiento se ajustó levemente a la baja en comparación con el informe anterior.

Variabilidad en los resultados y desafíos por plagas

Los colaboradores de la Bolsa reportaron resultados muy variables, incluso dentro de un mismo departamento. En Río Cuarto, por ejemplo, se observaron lotes afectados por anegamiento, otros con déficit hídrico y también sectores con rindes superiores a los promedios zonales. A nivel provincial, las lluvias coincidieron con el período crítico de la mayoría de los cultivos, lo que permitió mitigar parcialmente el impacto de la sequía de enero.

El maíz y el sorgo evidenciaron los mayores ajustes positivos en sus proyecciones, junto con una reducción en la superficie destinada a forraje. Esta corrección revierte la estrategia de emergencia que se estaba evaluando semanas atrás, cuando se consideraba destinar a consumo animal lotes originalmente sembrados para grano debido a la falta de agua.

Condiciones climáticas y salud de los cultivos

En cuanto a la evolución de los cultivos, la soja y el maní aún se encontraban en etapas críticas, por lo que los rendimientos definitivos dependerán de las condiciones climáticas en las próximas semanas. Por otro lado, el maíz, el girasol y el sorgo ya han superado la etapa de definición de rendimiento, y la producción se irá ajustando con el avance de la cosecha. Sin embargo, persiste una marcada variabilidad entre zonas, donde el ambiente y la fecha de siembra explican gran parte de las diferencias.

El estado general de los cultivos ha estado condicionado por la distribución irregular de las lluvias y las altas temperaturas registradas durante gran parte del ciclo. Durante enero, se observaron síntomas de estrés, como detención del crecimiento y desuniformidad, especialmente en lomas y cabeceras. Las precipitaciones de febrero permitieron una recuperación significativa y redujeron la proporción de superficie en condiciones regulares o malas. Sin embargo, el girasol mostró un leve deterioro debido a su estado fenológico avanzado, lo que limitó su capacidad de recuperación.

Las pérdidas totales de superficie se estiman en apenas el 2% del área sembrada con cultivos estivales, el menor valor de las últimas cinco campañas a pesar del contexto seco. En el ámbito sanitario, no se registraron cambios significativos, aunque se detectaron plagas como chinche verde en soja, arañuela en maní, pulgón amarillo en sorgo y cogollero en maíz. Además, se observó presencia de chicharrita en el centro y norte provincial sin síntomas de enfermedades asociadas.

En términos climáticos, febrero tuvo lluvias superiores a lo normal en el sur y sudeste de Córdoba. Sin embargo, el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional para el trimestre febrero-marzo-abril anticipa precipitaciones por debajo de lo habitual en gran parte de la provincia y temperaturas superiores al promedio, lo que genera incertidumbre sobre si la recuperación será suficiente para consolidar una buena campaña.

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