Un informe de la UIA revela que más de la mitad de las empresas reportó caídas en producción y ventas internas, mientras aumentan las dificultades para cumplir pagos a proveedores

La actividad industrial argentina comenzó el año 2026 con indicios de debilitamiento que se reflejan en el funcionamiento de las cadenas de abastecimiento. Según el último informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA), el Monitor de Desempeño Industrial (MDI) se situó en 36,5 puntos, un nivel que indica contracción en el sector manufacturero.
Este indicador, que anticipa la evolución de la actividad industrial a partir de variables como producción, ventas, empleo, tiempos de entrega de proveedores y stock de materias primas, mostró una caída de 7,5 puntos en comparación con el relevamiento anterior. Aunque enero suele presentar cierta estacionalidad debido a paradas de planta y vacaciones, el resultado también refleja un deterioro respecto al mismo período del año anterior.
Producción y ventas en retroceso
El informe indica que el 53,3% de las empresas reportó una caída en su nivel de producción, mientras que solo el 13% experimentó aumentos en comparación con el promedio del trimestre anterior. Este resultado profundiza la tendencia negativa observada en los últimos estudios.
Una situación similar se evidenció en las ventas internas, donde el 54,7% de las empresas reportó disminuciones, frente a un 13,3% que registró incrementos, marcando uno de los valores más bajos en términos de desempeño comercial.
En el ámbito externo, las exportaciones también mostraron debilidad: el 30% de las empresas indicó una caída en sus ventas al exterior, mientras que el 14,3% reportó aumentos. Este contexto impacta directamente en la dinámica de las cadenas productivas, ya que los cambios en los niveles de actividad industrial se traducen en variaciones en la demanda de insumos, planificación de inventarios y movimientos dentro de las redes de abastecimiento.
Tensiones en proveedores y expectativas
Otro dato relevante del informe se relaciona con las tensiones financieras en el entramado productivo. El 45,6% de las empresas manifestó haber tenido dificultades para cumplir al menos uno de sus pagos, incluyendo salarios, proveedores, servicios públicos, compromisos financieros o impuestos.
Entre los principales problemas mencionados están los atrasos en el pago a proveedores, lo que en algunos casos ha derivado en interrupciones o encarecimiento del abastecimiento de insumos, así como en mayores costos financieros asociados a intereses o necesidades de financiamiento a corto plazo.
Este tipo de tensiones puede trasladarse a lo largo de la cadena productiva, afectando la coordinación entre industrias y proveedores, y generando impactos en la continuidad de los procesos de producción. El informe también señala que la utilización promedio de la capacidad instalada se ubicó en 52%, y más del 70% de las empresas considera que está operando por debajo de su nivel óptimo.
Según las proyecciones de la encuesta, una proporción significativa de las compañías estima que recién durante el segundo semestre de 2026 podría alcanzarse un nivel de utilización considerado adecuado, lo que sugiere una recuperación más gradual de lo esperado. Entre los desafíos mencionados por las empresas, la caída de la demanda interna se destaca como el principal factor de preocupación, señalado por el 46,1% de las firmas.
Además, otros factores vinculados al contexto competitivo han comenzado a ganar relevancia. En particular, la dificultad para competir con bienes importados fue mencionada por el 19,4% de las empresas, una preocupación que había tenido escasa presencia en relevamientos anteriores. El aumento de costos sigue siendo un elemento relevante para las compañías industriales, especialmente en relación con el costo laboral y de insumos.
El informe también refleja una moderación en las expectativas empresariales. Se ha reducido la proporción de empresas que anticipa mejoras en su situación económica, en el desempeño de su sector y en el contexto económico nacional para el próximo año. Aunque algunas compañías mantienen perspectivas positivas, el informe indica un escenario de mayor cautela dentro del entramado industrial, donde los cambios en la actividad productiva comienzan a impactar sobre la dinámica de abastecimiento, la relación con proveedores y la planificación de operaciones.
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