jueves 12 marzo 2026

Crisis en Ormuz

La reciente decisión de dos de los principales operadores marítimos a nivel mundial de suspender sus operaciones en el estrecho de Ormuz ha generado una nueva alerta en el ámbito de la logística internacional. Este estrecho, que es uno de los corredores más críticos para el comercio energético, se encuentra bajo revisión debido al aumento de las tensiones en la región y las advertencias sobre la seguridad de la navegación.

Esta medida, que permanecerá vigente hasta nuevo aviso, afecta a los servicios que conectan Oriente Medio e India con el Mediterráneo y la costa este de Estados Unidos. Las empresas involucradas han priorizado la seguridad de sus tripulaciones y han anunciado desvíos operativos, lo que añade presión a una red logística que ya operaba con alta sensibilidad geopolítica tras los incidentes en el mar Rojo y otras rutas estratégicas.

Desvíos por el sur de África y extensión de los tiempos de tránsito

Algunos de los servicios que tradicionalmente atravesaban el Golfo Pérsico y el Canal de Suez ahora serán redirigidos alrededor del Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África. Aunque esta alternativa es viable desde un punto de vista técnico, implica mayores distancias y un aumento significativo en días de navegación.

Operativamente, rodear África puede añadir entre diez y catorce días a ciertos trayectos intercontinentales, dependiendo del puerto de origen y destino. Esto repercute directamente en la planificación de inventarios, los cronogramas de producción y la rotación de equipos. Además, el mayor consumo de combustible y los costos asociados al tiempo adicional en tránsito podrían trasladarse a las tarifas marítimas.

Para las cadenas de suministro, el impacto se traduce en:

El estrecho de Ormuz no solo es fundamental para el comercio energético. También canaliza bienes intermedios, productos de la industria petroquímica y mercancías destinadas al abastecimiento regional. Cualquier restricción en su operatividad obliga a reconfigurar servicios y recalcular tiempos en múltiples cadenas productivas.

Cancelaciones aéreas y menor capacidad para carga urgente

El impacto logístico no se limita al transporte marítimo. Varias aerolíneas internacionales han suspendido vuelos hacia destinos como Tel Aviv, Dubái, Doha y Beirut tras el cierre de espacios aéreos y la revisión de protocolos de seguridad.

Estas rutas concentran volúmenes significativos de carga aérea en bodega, especialmente productos farmacéuticos, componentes electrónicos y repuestos industriales. La reducción de frecuencias disminuye la capacidad disponible y puede generar tensiones en tarifas aéreas para operaciones urgentes o de alto valor agregado.

Un nodo estratégico bajo presión

La combinación de desvíos marítimos y cancelaciones aéreas vuelve a colocar la gestión del riesgo geopolítico en el centro de la estrategia logística global. Las empresas con operaciones en la región o que dependen de insumos energéticos enfrentan no solo posibles demoras, sino también volatilidad en costos relacionados con el combustible y los seguros marítimos.

El estrecho de Ormuz, debido a su ubicación y volumen de tránsito, actúa como un nodo estratégico para el comercio internacional. Cuando su operatividad se ve comprometida, el impacto trasciende lo regional y afecta a cadenas de suministro intercontinentales.

En este contexto, la diversificación de rutas, la planificación flexible y la visibilidad en tiempo real sobre embarques se convierten en herramientas esenciales. La resiliencia ya no es solo una ventaja competitiva, sino una condición estructural necesaria para mantener el flujo del comercio internacional.

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