viernes 27 febrero 2026

La vía interoceánica mantiene su operación regular mientras el Gobierno asume el control transitorio de dos terminales clave, responsables del 38% del movimiento portuario panameño

Operatividad del Canal de Panamá

El Canal de Panamá sigue funcionando normalmente a pesar de la transición en dos terminales estratégicas que se encuentran en sus accesos. Este movimiento pone a prueba la resiliencia de uno de los nodos más importantes del comercio global. Mientras la vía interoceánica mantiene su flujo habitual, que representa entre el 3% y el 6% del comercio mundial, los puertos de Balboa y Cristóbal están experimentando un cambio de operador tras la anulación judicial de una concesión que estaba vigente desde 1997.

Impacto en el sistema portuario y la cadena regional

Los puertos de Balboa (Pacífico) y Cristóbal (Atlántico) son fundamentales en el engranaje logístico panameño. En 2025, movilizaron 3,77 millones de unidades, lo que equivale al 38% del total del sistema portuario del país. Su ubicación en los extremos del Canal los convierte en plataformas críticas para el transbordo regional y la conexión entre rutas Este-Oeste.

La paralización temporal asociada al proceso de transición ha llevado a implementar revisiones técnicas y a realizar inventarios de equipos antes de reanudar gradualmente las operaciones. Las nuevas administraciones transitorias, que son filiales de dos de las principales navieras del mundo, fueron seleccionadas en función del volumen de carga que normalmente manejan en cada costa, con el objetivo de “mantener intacta la cadena de suministros”.

Esta decisión se basa en un enfoque operativo: más del 80% del movimiento en la terminal del Pacífico y más del 90% en la del Atlántico está relacionado con esos mismos grupos marítimos. Al mantener la gestión en manos de operadores que tienen presencia directa en los flujos predominantes, se busca reducir desvíos, congestiones y reprogramaciones logísticas en los itinerarios internacionales.

Seguridad jurídica y continuidad logística

El cambio se origina en un fallo inapelable de la Corte Suprema panameña que declaró inconstitucional la ley que respaldaba la concesión original y su prórroga. Esta decisión ha abierto un frente de arbitraje internacional ante la Cámara de Comercio Internacional, en un contexto de creciente atención sobre la seguridad jurídica de activos estratégicos.

Desde el punto de vista logístico, el desafío no es solo jurídico, sino también operativo: los muelles y terrenos son propiedad del Estado, pero gran parte de la maquinaria y sistemas son de propiedad privada. Por ello, la transición incluye inspecciones técnicas detalladas para asegurar la continuidad sin comprometer los estándares de seguridad ni los tiempos de atención a los buques.

El Gobierno panameño ha establecido que la operación transitoria se extenderá por un período de hasta 18 meses, durante el cual se llevará a cabo un proceso para adjudicar nuevas concesiones definitivas. Durante este tiempo, la prioridad es evitar interrupciones en un corredor estratégico que conecta 180 rutas marítimas y 1.920 puertos en 170 países.

Un nodo crítico bajo escrutinio global

El Canal de Panamá, con sus 82 kilómetros de extensión, es uno de los principales puntos de articulación de las cadenas de suministro globales. Sus principales usuarios, que incluyen a Estados Unidos, China y Japón, dependen de su estabilidad para el flujo de materias primas, productos manufacturados y bienes de consumo.

La situación actual pone de manifiesto la interdependencia entre la infraestructura portuaria y la vía navegable. Aunque el tránsito por el Canal no se ha visto afectado, la eficiencia del sistema completo depende de la sincronización entre esclusas, puertos, patios de almacenamiento y servicios terrestres.

Para América Latina, y especialmente para los países que utilizan Panamá como un hub de redistribución, cualquier alteración en estas terminales puede tener un impacto significativo en los tiempos de entrega, costos logísticos y la planificación de inventarios. La rápida implementación de un esquema transitorio tiene como objetivo precisamente proteger esa red frente a riesgos de disrupción.

En un contexto de tensiones geopolíticas y reconfiguración de cadenas globales, la transición en Balboa y Cristóbal se convierte en un caso de estudio sobre cómo los Estados gestionan activos estratégicos sin comprometer la continuidad del comercio internacional.

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