“Mesaza industrial”: los riesgos económicos según los empresarios de Cabrales, Manaos y otras firmas
Industriales de diversos sectores analizan sus preocupaciones para el próximo año y evalúan la situación del 2025 ante los cambios macroeconómicos

Con el cierre del año a la vista, varios industriales se reunieron para hacer un balance sobre el estado de su sector y la situación particular de sus empresas. Uno de los temas centrales del debate fue la apertura de importaciones, que ha generado preocupaciones sobre la competitividad debido a los altos costos. También se discutió la urgencia de implementar políticas que alineen la estructura industrial local con la de países vecinos.
La Fábrica Podcast organizó una “mesaza industrial” en la que participaron Orlando Canido, propietario de Manaos; Sol Orquera, de CBSé; Martín Cabrales, Gustavo Menayed, de Grupo Portland; y Vito Contessi, de Astillero Contessi.
Contessi compartió su experiencia: “Tuvimos que cerrar el único negocio orientado al mercado interno y al retail que teníamos, Marechiare, que era una fábrica de conservas marinas. Estos productos se vendían en locales propios y en grandes cadenas. Era un producto de alta calidad, que desarrollamos con especialidades, no solo el típico atún en aceite o al natural, sino también con salsa de tomate y alcaparras”.
“Antes de la pandemia, habíamos creado un canal de e-commerce que funcionó muy bien. Sin embargo, tuvimos que cerrarlo porque no había forma de equilibrar los números”, agregó.
El principal desafío fue la importación de latas desde el exterior. En las décadas de 1940 y 1950, cuando no existía la industria frigorífica, Mar del Plata contaba con alrededor de 35 fábricas de conservas, abastecidas por la pesca local. Hoy, solo quedan cuatro.
“Las fábricas que siguen operando lo hacen con un sistema mixto, combinando personal en relación de dependencia con cooperativas de trabajo para mantener la viabilidad económica. No estamos dispuestos a despedir personal para contratar cooperativas, así que decidimos cerrar”, explicó Contessi.
En cuanto al atún, que no se pesca localmente, la competitividad se volvió un reto. “Curiosamente, nuestras principales ventas eran de caballa, un producto destinado al mercado interno, donde teníamos captura y fábrica propia. Sin embargo, el atún importado entraba más barato que la caballa nacional, lo que hacía insostenible el negocio”, añadió.
Canido, por su parte, se opuso a la apertura de importaciones y recordó el impacto negativo que tuvo en los 90, cuando muchas fábricas, desde textiles hasta tornerías, cerraron, resultando en una significativa pérdida de empleos.
“Se desmanteló el 80% de los ferrocarriles en Argentina, quedando dependientes del transporte por camión. En mi caso, el costo del flete excluye la posibilidad de llegar a provincias del norte o a Ushuaia. En pocos años, se destruyó lo que se había construido durante más de 50 años”, afirmó Canido.
En el contexto actual, Cabrales comentó: “Las importaciones afectan, porque te roban mercado. Aunque vendan poco, algo te quitan. El consumidor argentino, como en el resto del mundo, es muy leal a las marcas. Si tienes un buen producto y una marca establecida, eso influye mucho en la decisión de compra”.
En el caso del café, Cabrales explicó: “Nuestra lógica industrial es diferente a la que históricamente ha predominado en Argentina. Mientras el país exporta commodities, nosotros importamos un commodity que cotiza en bolsa, lo procesamos y le agregamos valor. Cápsulas, café tostado, grano, especialidades, instantáneo”.
Señaló que son competitivos en calidad, pero uno de los principales problemas es la carga laboral: “Tengo la misma estructura de costos laborales que algunos países desde donde se importan las cápsulas o el café. Pero, en términos de competencia interna, no les tengo miedo”.
“El costo argentino es alto, producir aquí cuesta un 30% más que en Brasil. La parte impositiva es un delirio”, afirmó Cabrales, quien también destacó que sin cambios en los costos logísticos y la falta de infraestructura, muchas pymes no verán mejoras.
Menayed agregó que “las tasas reflejan la confianza, Argentina no tiene confianza estructuralmente”, y subrayó que el crecimiento de países como Brasil y Uruguay se debe en gran medida al financiamiento.
Contessi concluyó que la apertura no está en discusión, pero es crucial cómo se implementa. “Para el Estado hay gradualismo; para el empresario no. Para el empresario es un shock: ‘sé competitivo con estos impuestos y esta apertura, y arréglate’. Eso me parece injusto”, dijo.
Orquera, con una visión optimista para su empresa en 2026, expresó: “Creo que el consumo seguirá creciendo el año que viene; eso lo veo claramente. Cada vez más personas están consumiendo yerba y el consumo se va sincerando”.
Sin embargo, también expresó preocupación por los bajos precios que reciben los productores. “La industria es el motor de Argentina. Confío en que hay cosas que mejorar y repensar. Debe existir una agenda más inclusiva que ofrezca mejores oportunidades a todos”, concluyó.
Menayed advirtió sobre la importancia de generar empleo, señalando que si el país no crea trabajo, se intensificará el conflicto social. Resaltó que la industria de la construcción tiene un gran potencial para generar valor y empleo, más allá de la obra pública.
Además, enfatizó que el principal desafío es modificar los parámetros comerciales para facilitar el acceso a la vivienda, lo que permitiría un mayor crecimiento del sector y más puestos de trabajo.
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