jueves 05 marzo 2026

Con aranceles, investigaciones y nuevos plazos regulatorios, las decisiones de las principales potencias vuelven a marcar el ritmo del mercado exportador. En un escenario más exigente, Argentina enfrenta menores volúmenes y mayor competencia

El cierre de 2025 encuentra al mercado de la exportación de carne argentina en un proceso de reacomodamiento significativo, impulsado por decisiones políticas y comerciales de los actores globales más influyentes. Según el informe de Rosgan, la política internacional ha vuelto a cobrar protagonismo, reconfigurando tanto oportunidades como desafíos para los países exportadores.

Cada país juega con sus propias reglas

Uno de los movimientos más impactantes provino de Estados Unidos, donde la administración del presidente Donald Trump eliminó el arancel del 40% que afectaba a más de 200 productos brasileños, incluida la carne bovina. Esta medida, con aplicación retroactiva, otorga una ventaja competitiva a Brasil en un mercado clave, creando una brecha adicional con Argentina, que ya enfrentaba dificultades debido a los costos internos y al aumento de precios de la hacienda.

Por otro lado, China ha extendido la incertidumbre al prolongar por 60 días la investigación de salvaguardias sobre la carne vacuna importada, que debía resolverse en noviembre. Esta decisión retrasa el dictamen final al 26 de enero de 2026, afectando directamente a Argentina, donde el 70% de las exportaciones de carne vacuna se dirigen a ese país. Aunque esta prórroga ofrece un alivio temporal, también prolonga la tensión en un mercado crucial para el sector.

Adicionalmente, la Unión Europea ha decidido posponer por un año más la implementación del Reglamento contra la Deforestación (EUDR), fijando ahora la fecha de cumplimiento para diciembre de 2026 para empresas medianas y grandes, y hasta mediados de 2027 para las pymes. Esta extensión brinda tiempo para adaptaciones, pero también genera incertidumbre sobre los requisitos finales y los costos asociados.

La demanda se debilita

Al mismo tiempo, los datos globales indican que la demanda está creciendo a un ritmo más lento, mientras que la oferta se mantiene alta en algunos orígenes. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha ajustado a la baja su proyección de producción de carne vacuna para 2026, anticipando un mercado altamente competitivo, con importaciones más limitadas y presiones internas en los países compradores.

Para Argentina, el impacto es doble, ya que hasta la fecha, las exportaciones han alcanzado 588.761 toneladas, lo que representa un 8,5% menos que en 2024. Sin embargo, la recaudación ha crecido un 26,3%, impulsada por precios internacionales que promedian USD 5.360 por tonelada, un 38% más que el año anterior. La reciente subida de precios de la hacienda local, con el novillo pesado a USD 5,10/kg gancho, ha encarecido los costos de producción y debilitado la competitividad en el ámbito de la exportación de carne argentina.

Con 10.800 toneladas exportadas a Estados Unidos, frente a las 3.400 toneladas de Argentina, Brasil se reafirma como un competidor clave. Además, si China implementa salvaguardias, el país vecino podría redirigir parte de su producción hacia Norteamérica, intensificando aún más la competencia y presionando los precios internacionales.

A pesar de contar con 97 mercados habilitados, Argentina solo tiene 24 destinos efectivos entre enero y octubre, lo que indica una alta concentración en unos pocos compradores. En este nuevo mapa geopolítico, más regulado y volátil, la diversificación se convierte en una condición esencial para reducir la exposición a choques externos.

El mundo se está reacomodando con nuevas reglas de juego, donde la política internacional actúa como motor y freno del comercio global. Para la exportación de carne argentina, el año 2026 se perfila como un periodo en el que cada decisión externa podría alterar la ecuación competitiva.

El juego internacional cambia y la exportación de carne argentina busca reposicionarse