jueves 19 marzo 2026

Desde que la disputa comercial entre Estados Unidos y China se intensificó, el mapa global del comercio comenzó a transformarse.

Lo que al principio parecía una pulseada bilateral por aranceles y tecnología derivó en una influencia transversal que modifica las reglas de juego para el resto de los países. Así lo analiza Marcelo Elizondo, abogado, MBA y consultor especializado en comercio internacional, quien sostiene que “hubo un contagio de la tensión bilateral entre Estados Unidos y China hacia una mayor influencia de la geopolítica en los negocios internacionales en general”.

En ese contexto, la relación entre el presidente Javier Milei y su par estadounidense, Donald Trump, adquirió un giro estratégico en los últimos meses, consolidando una alianza político-comercial que trasciende los gestos ideológicos. En una señal clara de alineamiento, ambos mandatarios avanzaron en un esquema de cooperación económica que incluye asistencia financiera directa a la Argentina y la apertura de negociaciones hacia un tratado de libre comercio bilateral. Este acercamiento genera expectativas crecientes en sectores exportadores, especialmente del agro y la industria, que ven en el mercado estadounidense una oportunidad de expansión bajo condiciones más favorables.

A su vez, Washington busca afianzar vínculos con gobiernos afines en la región en un contexto de competencia global con China. La Argentina, que históricamente mantuvo una relación oscilante con Estados Unidos, podría ahora ingresar en una etapa de mayor previsibilidad y colaboración económica, siempre y cuando logre sostener una política exterior coherente y equilibrada.

Ese “contagio” de la tensión geopolítica se traduce en una reorganización de las prioridades comerciales globales. Las decisiones estratégicas de las grandes potencias generan ondas expansivas: la Unión Europea adoptó sanciones contra Rusia que alteraron flujos comerciales, mientras México redefine su política arancelaria. En paralelo, proliferan tratados de libre comercio entre países que buscan agilizar el intercambio, pero que a la vez discriminan a quienes quedan fuera de esos acuerdos. “La geopolítica influye mucho, no solamente en contra, también a favor”, remarca Elizondo, en diálogo con Punto biz, para explicar que en muchos casos estos tratados redefinen el acceso a mercados y el posicionamiento competitivo de cada economía.

Según el analista, la Argentina mantiene hoy tres grandes iniciativas comerciales en marcha: un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, un tratado bilateral con Estados Unidos —aún sin detalles públicos— y negociaciones con el bloque Efta (Asociación Europea de Libre Comercio). En términos prácticos, hasta ahora el país no fue mayormente perjudicado por el nuevo orden geopolítico, aunque tampoco logró capitalizar ventajas significativas. Todo dependerá de cómo concluyan esas negociaciones y de qué manera se gestionen los intereses estratégicos que están en juego.

Sectores y efectos: señales mixtas

En este escenario de realineamientos globales, surge una pregunta inevitable: ¿qué sectores de la economía argentina se ven hoy más beneficiados o perjudicados por esta reconfiguración? Por ahora, no hay un impacto directo de gran magnitud. En el plano agrícola, los precios de los granos bajaron respecto de meses anteriores, pero esa caída no responde a causas geopolíticas. En cambio, el comercio bilateral con Estados Unidos muestra signos positivos: ese país se convirtió en el segundo mayor destino de las exportaciones argentinas, superando a China.

Del otro lado del mapa, la relación comercial con el gigante asiático atraviesa una retracción, aunque más vinculada a los problemas internos de su economía que a las tensiones globales. La demanda china se redujo y, con ella, los precios de ciertos productos. No hay señales de que la Argentina haya sido alcanzada de forma significativa por la guerra comercial entre Washington y Pekín.

“Sí existe una excepción en sectores puntuales: el acero y el aluminio exportados desde Argentina hacia Estados Unidos se vieron perjudicados por un aumento de aranceles”, precisó Elizondo. Sin embargo, aclaró que esa medida responde más a políticas proteccionistas impulsadas por la administración Trump en su momento que a decisiones propias de la nueva lógica geopolítica. De todos modos, existen conversaciones en curso con Washington para alcanzar un acuerdo bilateral más amplio que podría mejorar el acceso de diversos rubros al mercado norteamericano.

Más allá de esos casos específicos, no hay evidencia contundente de que la geopolítica esté afectando de manera negativa a los sectores exportadores argentinos. En contraste, hay indicadores alentadores: las exportaciones totales del país crecen a un ritmo superior al 6 % anual, lo que demuestra que la inserción comercial no solo se mantiene, sino que se expande a pesar del entorno volátil.

<div class=»gpt-load» data-gpt=»/22339877123/nota/P3 Entre Washington y Shanghái: cómo navega Argentina la nueva geoeconomía