La caída económica en julio de 2023 en Argentina fue notable, marcando la segunda contracción mensual más severa en un año y medio, según el análisis de la consultora Orlando Ferreres. Este descenso se produjo en un contexto de alta volatilidad en el precio del dólar y en las tasas de interés, lo que ha limitado las decisiones de consumo e inversión.

Detalles de la caída económica

El Índice General de Actividad (IGA) de Ferreres mostró una variación negativa del 1% en comparación con junio, teniendo en cuenta incluso factores estacionales. Este dato representa el segundo peor resultado desde marzo de 2024, solo superado por la caída de marzo de este año, que también estuvo marcada por la inestabilidad cambiaria en la antesala del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Comparaciones y proyecciones

La actividad económica se encuentra apenas un 0,3% por encima de los niveles de diciembre del año pasado, lo que pone de manifiesto las dificultades para lograr un crecimiento sostenido en 2025. Aunque en términos interanuales el IGA mostró una mejora del 3,6%, este incremento fue el más bajo desde noviembre de 2024, cuando se comparaba con los datos del gobierno anterior.

Desempeño sectorial

Las áreas que experimentaron mejoras en comparación con julio del año anterior incluyen la intermediación financiera (+23,1%), el sector minero-hidrocarburífero (+10,9%) y la construcción (+4,9%). Sin embargo, la industria manufacturera sufrió un retroceso del -2,4%, afectada por una base de comparación más favorable en meses anteriores y datos negativos puntuales, como la caída en la producción de aceites (-10,1%) y en la producción automotriz (-16,5%).

Perspectivas económicas a futuro

Las proyecciones para el resto de 2025 no son alentadoras. Las estimaciones no oficiales sobre la actividad de julio coinciden en señalar un enfriamiento: Analytica prevé una baja del 0,1%, Equilibra estima un descenso del -0,3%, y el Banco Provincia reporta una contracción del 0,4% en las últimas cuatro semanas, que abarcan las dos últimas de julio y las dos primeras de agosto.

El estancamiento o caída de los salarios reales ha restringido el consumo, y en el último mes, un aumento en las tasas de interés ha puesto en riesgo el crédito, un motor clave para la recuperación económica esperada entre finales de 2024 y principios de 2025. Los especialistas advierten sobre un posible aumento en la morosidad y un menor dinamismo en el financiamiento empresarial.

Un escenario complejo por delante

De cara al futuro, el contexto macroeconómico se ha deteriorado, y también se observan grietas en el ámbito político, lo que incrementa la incertidumbre general. El oficialismo espera que un buen resultado electoral pueda ayudar a reordenar las expectativas y estabilizar la economía.